jueves, 2 de julio de 2020

Okasan (2019), de Mori Ponsowy

“Me gustaría saber qué piensa en este momento. Qué siente. Dónde está su corazón”


Okasan es un libro muy bonito, lo disfruté mucho y me hizo ver nuevas perspectivas sobre las relaciones madre-hijos. Generalmente he leído relatos sobre la relación madre-hijxs desde la perspectiva de las hijas o hijos, pero nunca desde la mirada de una madre. ¿Qué se siente ver a los hijos partir e iniciar sus propias vidas? ¿Cómo se re-inventa una mujer, que ha sido madre, y que siente que ya no juega ese rol?

Pero llegué a Okasan -gracias al Club de Lectura en el que estoy participando-, que es una especie de diario sobre el viaje de Mori, la autora siempre en primera persona, quien visita a su hijo Mati en Japón, país que éste escoge para seguir sus estudios de pre-grado. El libro se estructura en breves capítulos a modo de diario, donde la autora relata desde el primer día su llegada a tierras niponas. Okasan es un viaje que dura 14 días y nos muestra un poco sobre la cultura oriental y sus paisajes sobrecogedores, la fabulosa mezcla entre lo moderno y lo natural, lo cual me gustó mucho porque nos hace viajar junto a ella; pero también y, sobre todo, este libro nos habla de la experiencia de visitar a un hijo que crece y nos comparte las reflexiones y deseos entrampados de una madre que sufre, pero, al mismo tiempo, abraza su nuevo camino.

En este viaje, Mori nos abre su corazón, mostrándose frágil y vulnerable, aunque ante su hijo prefiere mostrarse políticamente correcta: una madre que entiende el camino hacia la adultez que éste va iniciando y, racionalmente, toma distancia, aunque le duele: “Me gustaría hablar con él más seguido”, “Tengo miedo, pero no sé a qué exactamente. Quisiera tomarle la mano pero no me atrevo”. Qué increíble pensar lo que algunas madres pueden sentir al vernos crecer y emprender una vida propia, un camino fuera de casa y sus reglas, totalmente fuera de su alcance. Su hijo crece, se hace adulto, se mueve por ciudades y pueblos lejanos con total seguridad; ella, en cambio, desconoce el idioma y se mueve torpemente, con estupor, y no entiende nada. De pronto, Mati es el adulto de la relación, le da órdenes, consejos y sigue su camino. 

Mori Ponsowy

La autora expone sus sentimientos con mucha delicadeza, no intenta ser neutra, ni tampoco lo consigue; el escenario cambió y entiende que ella debe cambiar también. Un nuevo rol le espera: “Tal vez estoy tratando de encontrarme en esta nueva mujer que, aunque tiene un hijo, ha dejado atrás su rol de madre. No soy del todo segura de quién soy, ahora. Tampoco sé con claridad hacia dónde voy, ni cuáles son las razones para seguir”. Siempre he pensado en aquellas mujeres que dedican toda su vida y energías a ser madres, digo, a ser en su opinión “madres perfectas 24/7”. Pero qué ocurre cuando los hijxs ya no las necesitan como antes, ¿en qué se transforma toda esa energía y ese amor? 

Okasan me pareció un libro bellísimo. Me encanta utilizar este adjetivo cuando algo me eriza la piel (es como: leí tal párrafo y ¿qué pasó? La belleza). La forma en que la autora se hace cargo de sus actos y la forma en que enfrenta su nuevo papel es sincera y apabullante. Mori reconoce en su hijo una persona singular, única, y ya no más una extensión de sí misma; reconoce “la vida que se está inventando, tan distinta, tan lejos de todo lo que conoció”, porque ahora es una madre que sabe que ya no puede cuidar o ayudar a este hijo que una vez fue suyo, y ahora es del mundo, como lo dice en algún capítulo. “Miro a mi hijo y veo a un joven que inventa su propia vida. Que se inventa a sí mismo. Saca de sí lo que no quiere y da forma y pule lo que le parece valioso”. 

Okasan es, en el fondo, una carta de despedida y bienvenida: a un hijo que deja de ser niño, y a una madre que aprende a habitar su propia adultez. Un libro breve, tierno y necesario para todos quienes alguna vez amaron a alguien que se les fue. Gracias, Mori, por construir este hermoso relato que me deja tanto en qué pensar.

Portada del libro
Reservoir Books
140 páginas

domingo, 14 de junio de 2020

Apegos feroces (1987), de Vivian Gornick

"Mi madre es una campesina urbana y yo soy la hija de mi madre"


Apegos feroces fue escrito por Vivian Gornick en 1987, y solo recién se editó al español el 2017. Estos treinta años marcan la distancia que el público hispano-parlante habíamos tenido con esta escritora, hasta ahora. Y de pronto mucha gente lo estaba leyendo, hablando maravillas del libro. De tanto verlo, también me entró la curiosidad, y la excusa perfecta era que formaba parte de la lista de libros para leer en el Club de Lectura en el que estoy participando.

Apegos feroces es un libro en donde la autora reconstruye su infancia y juventud en el Bronx, lugar en donde vivió junto a su familia, inmigrantes judíos comunistas y de clase obrera, hasta los 21 años. La infancia de Vivian se debate entre dos principales figuras femeninas que, son un marco de referencia para la construcción de su identidad: por un lado, su madre, cuya pérdida de su esposo la deja en un agotado estado de depresión y, por otro lado, Nettie, la joven vecina del edificio, quien en su viudez encuentra en el sexo su camino hacia la liberación. Tal como dice Gornick: “Todas nos entregábamos a nuestros placeres: Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer. Ninguna de nosotras sabía cómo imponerse una disciplina que condujece a la consecución de una vida femenina ideal y corriente. Y, de hecho, ninguna de nosotras lo logró”. 

La relación madre-hija es, sin duda, el eje del libro. Gornick es valiente al retratar este vínculo frágil y agotador, y logra convertir el padecimiento y la disputa en arte. Habla desde su herida, sin edulcorar, sin disculparse. ¿Cómo es crecer luchando contra la madre? La vida de su madre gira en torno al amor de su fallecido esposo, en cambio, la vida Vivian es completamente diferente, pues, para ella el amor ocupa un segundo o tercer lugar. La autora reconoce que le costó años comprenderla. No la odiaba, pero luchaba contra ella, y ahí recae este apego: la madre que asfixia a su hija, pero al mismo tiempo le ofrece estabilidad. Una vez viuda, su madre comenzó a llenar todos los espacios, hasta el hastío. “Liberarme de mi madre. Me ponía la piel de gallina. Estaba en todas partes, encima, dentro y fuera de mí [...] no podía escapar de la naturaleza apabullante y claustrofóbica de su presencia, de su ser, de su asfixiante y sufriente calidad de mujer”.


 Periodista, escritora y activista feminista estadounidense, considerada una de las voces más destacadas en los años 70 de la segunda ola feminista de Estados Unidos.


El tema madre-hija me resulta completamente alucinante: conflictos, orgullo, admiración, competencia, sueños frustrados, manipulación, etc. Se trata de una relación que, precisamente, escapa de toda caricatura romantizada. Sin embargo, más que la relación con su madre, Vivian narra su propia vida a través de esta relación: Apegos feroces es su accidentado e interminable camino hacia su madurez como mujer, en donde se reconstruye por oposición a su madre, quien -entre otras cosas- la recriminaba porque no tenía marido. De hecho, otro libro de Gornick se titula La mujer singular, que en inglés sería The odd woman, y tal como lo dice en el libro: “Aquellos fueron los años en los que a las mujeres como yo las llamaban “Nueva”, “Liberada”, “Singular” (yo prefería “Singular”, y sigo haciéndolo”. Es esta reivindicación a su soledad (no loneliness, sino solitude) lo que fortalece a Vivian, pues, se trata de una postura política que apuesta por la libre elección de la vida de las mujeres, y esto la lleva a pensar y resignificar su condición de mujer en un escenario sumamente complejo: los años setenta y ochenta, como buena representante de la Segunda Ola del Feminismo gringo.

Me gustó mucho la forma en que escribe Gornick. Logra describir muy bien a sus personajes y las sensaciones que éstos estimulan en ella. Además, el principal escenario es la ciudad, lo que demuestra la increíble capacidad de Gornick para mezclar la gran urbe multicultural con sus sentimientos enrevesados. Por un lado, en el relato del presente, Vivian y su madre ya mayor pasean por Manhattan, y por otro lado, están sus recuerdos en el Bronx, mosaico de territorios étnicos, en donde conviven irlandeses, italianos y judíos. Nueva York es el lugar idóneo para el cruce de ideas y sentimientos. Pese a que me costó mucho enganchar con la trama en un comienzo, subrayé muchas frases (creo que es uno de mis libros más rayados), y es porque al final no todos tenemos el don de Vivian de poder expresarnos con palabras, y ella lo hace prodigiosamente.



Portada del libro
Editorial Sexto Piso
193 páginas


viernes, 29 de mayo de 2020

También esto pasará (2015), de Milena Busquets

“Siempre he pensado que los que dicen «te quiero mucho», en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el «mucho», que en este caso significa «poco», por timidez o por miedo a la contundencia de «te quiero», que es la única manera verdadera de decir «te quiero». El «mucho» hace que el «te quiero» se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es. «Te quiero», las palabras mágicas que te pueden convertir en un perro, en un dios, en un chiflado, en una sombra”

Esta historia me encantó: se lee con ligereza, pero deja una marca profunda. Blanca, su protagonista, narra en primera persona los días posteriores a la muerte de su madre, figura central de su vida, a quien define como su deidad. El relato no es lineal ni lógico: es más bien una experiencia emocional, caótica e íntima, una manera de enfrentarse a la pérdida. Con desfachatez e ironía, Blanca se permite decir y hacer cualquier cosa, escudándose en su nueva condición de “huérfana”.

El tema principal del libro consiste, claramente, en saber cómo gestionar ese dolor que nos abruma tras la muerte de un ser amado. Se trata de la historia de una hija desorientada que anhela volver a acurrucarse en los brazos de su madre, figura que la oprime y, al mismo tiempo, la levanta. ¿Qué viene ahora que ya todo ha cambiado para siempre? El libro comienza con el entierro de la madre de Blanca, en Cadaqués, idílico balneario lleno de recuerdos y juventud, en donde solían pasar los veranos familiares junto a multitudes de amigos y conocidos. A partir de ahí, Blanca se pasea por diversos recuerdos y anécdotas junto a su madre, los que va alternando con los acontecimientos que va viviendo durante ese verano, junto a sus dos hijos, sus mejores amigos y sus dos ex maridos, con quienes mantiene una fraterna relación. Todos ellos aparecen descritos con admirable precisión, desde sus rasgos físicos y formas de vestir, hasta elementos psicológicos que llaman la atención de la protagonista. 

Pero en el libro también hay tiempo para el amor, el sexo, y la coquetería; las ganas de volver a sentirse viva son enormes y así también el deseo de sentirse nuevamente amada, tal como dice: “Una de las cosas más sorprendentes del amor es su milagrosa capacidad de regeneración”. Y bien lo sabe Blanca, quien se sumerge en un trampolín de emociones en donde no siempre obtiene lo que desea.

Milena Busquets (Barcelona, 1972)

El libro es como una larga conversación entre la madre y la hija, o mejor dicho, un monólogo en donde Blanca se dirige a su muda madre, en donde la encara y le reprocha cosas del pasado, pero más que cualquier cosa, le dice cuánto la extraña y cómo es que nunca volverá a amar a nadie como a ella, pese a que no fueran tan cercanas ni, menos aún, tuvieran una idílica relación madre-hija: “Nunca fuimos una madre e hija confidentes que se lo contaran todo. Nunca fuimos amigas. Nunca compartimos intimidades, creo que siempre intentamos ser la versión más presentable de nosotras mismas frente a la otra”. Blanca recuerda a su madre como una mujer fuerte, valiente, poco cariñosa, pero muy culta y rodeada siempre de amistades y de amor. La recuerda como un personaje capaz de llenar cada espacio a donde fuese, logrando iluminar todo en su vida y en la de los demás: “Y te quedaste con nuestra perra. Y la hiciste tuya, como hacías con todo lo que amabas, con todos, les robabas una vida, les regalabas una vida, mucho más amplia y aireada y divertida que cualquier cosa que hubiesen conocido antes o que fuesen a conocer después”.

Esta intensa relación entre ambas es en realidad la relación entre su autora, Milena Busquets, y su madre, Esther Tusquets, la famosísima editora de Seix Barral. También esto pasará es la historia de Milena -Blanca, su alter ego en el relato- que escribe posterior a la muerte de Esther. Por eso es un libro íntimo, sincero e irrepetible. Es ficción y a la vez es muy personal. 

Con una escritura ágil, chispeante y emocionalmente lúcida, Busquets convierte el duelo en una carta de amor y un ajuste de cuentas. Su madre está en todas partes, y sin embargo, no está. Tal vez por eso Blanca escribe: para invocarla, para reír con ella una última vez. También esto pasará, dice el título, pero la literatura —al menos la buena— se queda.


Portada del libro
Editorial Anagrama
176 páginas

domingo, 3 de mayo de 2020

Reborn (2009), de Susan Sontag

“Eveything begins from now - I am reborn”

Susan Sontag, reconocida ensayista, novelista y crítica literaria estadounidense de origen judío, fue un espíritu libre, una mujer singular —quizás en el sentido de Vivian Gornick. Fue prematura en muchos aspectos: comenzó sus estudios universitarios, se casó y fue madre muy joven; se separó prontamente y se fue a vivir a Europa experimentando libremente su homosexualidad, en una época en donde existían muchos prejuicios, pese a lo liberal del ambiente en que se movía.

Más allá de sus novelas y cuentos —no tan elogiados como así sus ensayos—, Sontag destacó por su capacidad para nombrar las cosas y sus análisis sobre la cultura postmoderna. Admirada por su inteligencia y autenticidad, sus ensayos sobre estética y literatura (algunos como Notes on Camps y Sobre la fotografía) fueron muy influyentes durante el último tercio del siglo XX, convirtiéndose en una destacada referente de la cultura contemporánea de Estados Unidos y Europa. 

Susan Sontag (1933-2004).

Desde sus primeros años, Sontag se sintió distinta, dotada de una sensibilidad excepcional, convencida de que tenía algo que ofrecer al mundo. Su necesidad de anotar, clasificar y pensar todo lo que la rodeaba era un modo de afirmarse y afirmarse en el mundo.  En sus cuadernos abundan listas: libros por leer, películas vistas, frases escuchadas, ideas para cuentos. Escribir era su manera de existir.

Pero estos diarios no solo muestran a la futura intelectual, sino a la joven que batalla consigo misma: con el amor, la maternidad temprana, la sexualidad, la culpa y la soledad. La fuerza de estos escritos no está en su forma (a veces desordenada, siempre privada), sino en su honestidad: Sontag no escribe para agradar, ni para ser leída. Escribe para pensar. “Estos diarios oscilan entre el dolor y la ambición”, advierte su hijo en el prólogo. Y así es: la joven Sontag que aquí aparece está llena de contradicciones, pero también de hambre por saber, por amar y por escribir mejor. 

Leer Reborn, el primer volumen de los Journals & Notebooks de Susan Sontag, ha sido un verdadero privilegio. Conocida por su lucidez ensayística, su mirada crítica sobre la cultura y su activismo intelectual, en este libro Sontag se despoja de toda pose pública para revelar su voz más íntima, la que usaba cuando aún no era “Susan Sontag”. En este sentido, fue una experiencia profunda por muchas razones: lo leí en su idioma original, lo compré en una de mis librerías favoritas durante un viaje inolvidable, lo rayé y subrayé con devoción. Pero, por sobre todo, me hizo conectar con la escritura como acto vital. Estos diarios son una prueba de que pensar también puede ser una forma de amar, y que el deseo de comprender (y de comprenderse) es uno de los motores más hermosos de la existencia.


Portada del libro
Editorial Picador
320 páginas

domingo, 12 de abril de 2020

Léxico familiar (1963), de Natalia Ginzburg



“En nuestra casa se entablaban grandes discusiones sobre la belleza y la fealdad de la gente. Aún se seguía discutiendo sobre si una tal señora Gilsa, ama de llaves de una familia de amigos nuestros de Palermo, era guapa o no lo era. Mis hermanos sostenían que era feísima, una especie de cara de perro, pero mi madre decía que era de una belleza extraordinaria [...] Y siempre se discutía durante mucho tiempo sobre si eran más feos los Colombo o los Coen, unos amigos nuestros a los que veíamos durante el verano. «¡Son más feos los Coen ¿Cómo vas a comparar a los Coen con los Colombo»- decía mi padre”


Léxico familiar es un libro de memorias. Natalia Ginzburg, una de las escritoras más importantes de la Italia del siglo XX, nos habla de su infancia, de su familia y de los lugares donde vivió; en resumen, sde lo doméstico y lo cotidiano. Dicho así puede sonar poco atractivo, pero lo que más me gustó es la forma en que está escrito: con una prosa clara, simple y por momentos hilarante, Ginzburg nos va introduciendo a su mundo familiar, a través de relatos fragmentados de innumerables escenas de la vida cotidiana, componiendo un retrato que ha sido estudiado como documento vivo de la Italia de posguerra.

Narrado en primera persona, la autora apenas se asoma a la escena: todo gira en torno a sus padres, hermanos, amigos y conocidos: “Me propuse escribir un libro sobre las personas que entonces me rodeaban. En parte, porque la memoria es débil, y los libros que se basan en la realidad con frecuencia son solo pequeños atisbos y fragmentos de cuanto vivimos y oímos”. Su relato no es introspectivo en un sentido convencional, pero sí íntimo: al sumergirse en su entorno familiar, en el contexto de la resistencia antifascista y la ocupación alemana, logra capturar el clima de época desde un espacio privado.

Natalia Ginzburg nació en Palermo en 1916 y creció en una familia de científicos y políticos judíos de izquierda. Era la menor de cinco hermanos y solía pasar desapercibida, lo que la convirtió en una aguda observadora y gran lectora. Su padre, biólogo, era un hombre severo, machista y gruñón:  “Durante las comidas solía hablar de las personas que había visto ese día: era muy severo en sus juicios y con todo el mundo le parecía estúpido. Para él un estúpido era «un tonto». «Me ha parecido que es un grandísimo tonto», decía de alguien a quien acababa de conocer”. Por otro lado, su madre, en contraste, era sensible, algo pasiva, muy sociable. Entre ellos y sus hermanos —distintos en todo, salvo en la intensidad— se configura ese léxico común que da título al libro: frases repetidas, bromas privadas, expresiones únicas que terminan por ser una especie de lengua secreta que une incluso en la diferencia.

¿Qué es una familia? Natalia nos muestra que, a pesar de los roces, el paso del tiempo y las pérdidas, una familia es, ante todo, una forma de hablar. Una memoria compartida que se transmite en frases, gestos y anécdotas. “Me llamo Natalia Ginzburg: soy aquellos que fueron antes de mí”. 


Natalia Ginzburg (1916-1991), escritora reconocida mundialmente por sus escritos sobre lo cotidiano, contribuyendo a la elaboración de la autobiografía como literatura de época.


Este año, al igual que el anterior, lo he dedicado casi exclusivamente a leer escritoras mujeres y lo cierto es que hay algo distinto —no superior, pero sí singular— en la mirada de las autoras mujeres: una forma de observar desde lo pequeño, desde lo que ha sido considerado históricamente “menor”, y transformarlo en material literario lleno de potencia. 

La simpleza y claridad de la prosa de Natalia coincide con lo que nos cuenta: sus intereses relacionados a los asuntos “menores” y privados de la vida hacen de este libro un relato tan bonito e inspirador que agradezco haberme encontrado con esta maravilla que, además, tantas risas me sacó. E
l relato tiene algo de serie coral, de sitcom italiana llena de gritos, amor y contradicción. Me recordó que lo íntimo es político, y que lo doméstico —como decía Virginia Woolf— también es territorio de revolución.

Léxico familiar me pareció una joya: sutil, lúcido, profundamente humano. Ya tengo en la mira el siguiente: Las pequeñas virtudes. Quiero seguir leyendo a esta autora que convierte lo cotidiano en memoria colectiva. En tiempos de crisis, su voz se vuelve aún más imprescindible.



Portada del libro
Editorial Lumen
266 páginas



domingo, 29 de marzo de 2020

Conversaciones entre amigos (2017), de Sally Rooney


      "Hay algo hermoso en tu manera de pensar y sentir, o bien, tu forma de experimentar el mundo es en cierto modo hermosa"


Así, con frases delicadas y observaciones incisivas, Sally Rooney construye Conversaciones entre amigos, una novela íntima y lúcida sobre vínculos, deseo, poder y clase. La historia sigue los pasos de dos jóvenes amigas y estudiantes de Literatura, Frances y Bobbi, quienes —en una tertulia literaria— conocen a Melissa, una escritora “cool”, mayor que ellas, con quien que entablan una curiosa amistad y que incluye también a su marido Nick, un actor semi famoso. Ese encuentro desata una serie de relaciones cruzadas que sacuden sus certezas y sus afectos.

Sally Rooney, joven autora irlandesa, a través de una intensa historia, nos sumerge en la cotidianeidad de las aventuras de estos amigos, las cuales se desarrollan siempre en espacios interiores: en la casa del matrimonio, en el departamento de Frances, en la Facultad de Letras o en algún pub dublinense, centrándose así en lo principal de esta novela: las conversaciones entre sus personajes, escenario principal de esta obra. Se trata de las relaciones humanas en esta era de aguda posmodernidad. Chats, e-mails, diálogos extensos, silencios. Todo gira en torno a la palabra como forma de entender(se) en el mundo.

Frances, narradora y protagonista, es una joven poeta, introspectiva, aguda, políticamente de izquierda, proveniente de una familia rota. Desde el inicio, sabemos que está buscando algo, aunque no siempre sepa qué. Su vínculo con Bobbi —ex pareja, amiga, cómplice— es tan denso como ambivalente. Pero es su relación con Nick la que se vuelve el eje emocional de la historia. Rooney evita los estereotipos: Nick no es un galán ni un villano, sino un hombre sensible, depresivo, complejo, que se convierte en el espejo emocional de Frances. “A veces pensaba que nunca me había sentido tan desgraciada en toda mi vida, pero también que mi desgracia era muy superficial, ya que en cualquier momento una palabra suya podría aliviarla por completa y transformarla en una felicidad estúpida”. 
Frances intenta parecer fuerte, sarcástica, impermeable, pero termina mostrando una fragilidad conmovedora. El amor, en esta novela, no aparece como salvación, sino como un campo de riesgo, contradicción y miedo: la posibilidad de amar sin destruirse.


Sally Rooney (1991 - ), joven escritora, muy aclamada por la crítica literaria, debido al éxito y complejidad de sus dos primeras novelas Conversaciones entre amigos y Gente normal.


Pero Conversaciones entre amigos también es una novela de clase. Frances, en cada encuentro con Melissa y su entorno, se siente desplazada: demasiado pobre para encajar, demasiado culta para volver al origen. Hay una conciencia de clase que atraviesa todo el relato: “En esas ocasiones yo me sentí fuera de lugar, ignorante y resentida, pero también temerosa de que acabaran desenmascarándome como una persona moderadamente pobre y comunista. De igual modo, me costaba entablar conversación con gente de la misma extracción social que mis padres, pues temía que mi acento sonara pretencioso o que mi holgado abrigo de segunda mano me hiciera parecer por rica”. Sally Rooney denuncia, con mucha sutileza, la fetichización del amor como mero objeto de consumo, pero también, y muy fuertemente, el eterno clasismo de la sociedad dublinense y el incierto futuro al cual se enfrentan, principalmente, los jóvenes. Este contexto socio-político, de mucha vulnerabilidad económica y social, es clave para el desenvolvimiento de los personajes, ya que sobre éste construyen y basan sus relaciones. 

Rooney escribe sobre lo millennial sin condescendencia: sobre la dificultad de decir lo que sentimos, sobre cómo la comunicación digital moldea nuestros vínculos, sobre el desconcierto emocional de quienes, en medio de la libertad, se sienten más perdidos que nunca. La novela no ofrece respuestas, pero sí un retrato certero del tránsito a la adultez.

Finalmente, solo agregar que me encantó este libro; lo compré un día que andaba buscando libros de mujeres escritoras, y ya que lo había visto harto, lo llevé y fue una grata sorpresa: muy rápido y entretenido de leer, porque el estilo de Sally es ágil y fresco, sin mayores pretensiones literarias, en donde logra proyectar imágenes fugaces, complejas personalidades y situaciones tan cotidianas que parece increíble que resulten tan evocadoras. Me devoré este libro en 3 días, entre viajes y paisajes sureños. Ya quiero leer la segunda novela de esta escritora, Gente normal, la cual ya pude encargar por internet, veremos qué tal.


Portada del libro
Editorial Penguin Random House
311 páginas

miércoles, 18 de marzo de 2020

Sur y oeste, de Joan Didion

Famosa en el mundo entero por sus escritos personales, sus crónicas periodísticas y novelas, de observación aguda, Joan Didion me sorprendió gratamente con este libro, una pieza breve y en apariencia menor, Sur y Oeste recoge sus cuadernos y notas durante un viaje que realizó con su marido a comienzos de los años setenta, y que casi cincuenta años después han sido publicados sin apenas edición. ¿Qué podría decirnos un diario inconcluso, sin hechos históricos ni grandes revelaciones? Muchísimo, si quien escribe es Didion.

En algunas de sus primeras páginas, la autora menciona “No sabría decir con exactitud qué me llevó a pasar un tiempo en el sur durante el verano de 1970”, puesto que no tenía obligaciones periodísticas ni ocurrió nada relevante en donde ella estuvo: “no hubo asesinatos ni juicios célebres, no hubo órdenes de integración, ni enfrentamientos, ni siquiera celebrados actos divinos”. Me encantó porque lo verdaderamente relevante es que no había nada relevante que ver, sino la cotidianidad y lo que es diferente: lo otro, en este caso, el sur. El sur aparece entonces como “lo otro”, como un espacio donde la identidad estadounidense se desfigura y se vuelve ambigua, detenida en el tiempo.
Joan Didion (1934 ),escritora y periodista estadounidense.
Sur y Oeste es un recorrido por pueblos pequeños y olvidados, atravesados por la inercia, por la precariedad, por la herencia pesada de la raza y la clase. La autora, observa con distancia sin juicios explícitos, pero filosa. Describe con ojo etnográfico, bares a media tarde, mujeres resignadas, niños jugando entre casas desvencijadas, hombres que aceptan los chanchullos políticos como parte del paisaje. La anacronía cultural del sur se vuelve evidente: “Resulta llamativo y alarmante contemplar lo aislada que estaba aquella gente de lo que era normal en la vida americana de 1970. Toda su información era de quinta mano, y se había mitificado por el camino”.
Ese Sur, con su profunda desconfianza hacia lo diferente, con su culto a la tradición y su apego a una cierta neutralidad cómoda, contrasta con el Oeste, el lugar de pertenencia de Didion. Porque, aunque el viaje sea hacia el sur, siempre está hablando también de su hogar: California. Allí, dice, se siente cómoda “de una forma en que no lo estoy en otros sitios”. En este contrapunto se juega una de las mayores virtudes del libro: el contraste entre dos visiones del alma americana, entre lo que el país ha querido ser y lo que realmente es.
La narración de Didion es un tipo de cuaderno de notas. Es como si estuviésemos leyendo una especie de diario sobre aquello que ve: carreteras solitarias, restaurantes con viejos reunidos en torno a juegos de cartas y cervezas, mujeres resignadas a la vida que les tocó, niños y niñas matando las horas del día jugando en calles vacías y cierta estética kitsh mal diseñada.  “Supongo que crees que la gente del Sur es un poco anacrónica” le dice un amigo, entendiendo a las comunidades desde la precariedad y el colonialismo; entendiendo ya el sur como una pequeña provincia. Los sureños aceptan lo simple y quieren vivir tranquilamente, sin meterse en política, entendida como sinónimo de “problemas”, tal como lo señala un hombre con quien conversó: “Soy un tipo que huye de las actitudes extremas, así que, igual que la mayoría, estamos intentando simplemente tomar la vía más fácil que nos permita ser felices a todos”. La neutralidad aparece entonces como una virtud en este sur que tan lejano e inconcebible parece a Didion.  
Al principio me costó enganchar con este libro, lo confieso. Pero luego lo entendí como lo que es: un mapa mental, una bitácora de percepciones que no necesita grandes eventos, porque la política, la raza, el poder y la memoria están en cada detalle. Lo más fascinante es que, al leer a Didion mirar el sur, uno también puede mirarse a sí mismo. Pensé mucho en Chile, en nuestra propia ruralidad conservadora, en la forma en que también acá el país se desdobla: entre lo que queremos proyectar y lo que realmente somos. Un sur que se descompone frente a lo distinto. Un país que se mide, se juzga y se castiga a sí mismo.


Portada del libro
Editorial Random House
166 páginas