Este libro llegó a mí para el Día del Libro, acompañado de una notita de F, animándome a reseñarlo. Hemingway es uno de sus escritores favoritos y, después de leerlo, me encuentro buscando nuevos títulos para seguir explorándolo. Hace poco había terminado Por quién doblan las campanas, que además reviste un sentimiento aún más especial para mí, toda vez que se trata de un libro que era de mi papá. Por quién doblan las campanas fue una experiencia lectora de principio a fin: una exquisita narración, en donde el narrador deja paso a diálogos que logran explicar toda la escena, personajes complejos, sentimientos universales aterrizados en un cerro en medio de una guerra. Maravilloso.
Ernest Hemingway es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Su estilo —frases breves, lenguaje preciso y una narración despojada de adornos— revolucionó la literatura de su tiempo. El periodismo fue su primera escuela literaria, y se nota en sus escritos: poco sentimentalismo, observación aguda y una escritura directa. Más tarde se instaló en París y pasó a formar parte de la llamada "generación perdida", junto a figuras como Gertrude Stein, Ezra Pound y Scott Fitzgerald. Según sus biógrafos, muchas de sus obras nacieron de ese ambiente de cafés, bohemia y desencanto posterior a la guerra.
El viejo y el mar fue publicada en 1952 (ganó además el Pulitzer) y es todavía una de las novelas más leídas en todo el mundo. Es una obra gigante, en sentido figurado, cuya lectura tradicional se centra en la hazaña de Santiago, viejo pescador, quien tras 84 días sin pescar nada, lucha contra un pez de enormes proporciones, y se niega a la derrota en medio de la inmensidad del mar. Todo el mundo conoce algo acerca de esta novela, y qué difícil es decir algo cuando una obra ha sido objeto de tanta difusión, análisis y críticas; cuando el texto es ya parte de la distribución y consumo, cuyos análisis distan unos de otros.
Santiago, hombre sabio y profundamente sensible, trata durante toda su aventura al pez como a una amiga, le habla, le dice que le apena tener que matarlo, y da por sentado que tiene un alma como la suya: «También yo tengo un corazón así, y mis pies y mis manos son como los suyos». Santiago necesita hablar para mantenerse cuerdo. Le habla al pez, a los pájaros, al mar y a sí mismo. En la inmensidad del océano, el lenguaje parece ser la única forma de no desaparecer por completo en la soledad.
Los libros no entran a una persona vacía, entran a una vida en curso. Así también a veces un libro nombra algo antes de nosotros poder explicarlo, por eso parece ser al revés: ciertas frases parecen "leer" a quienes las estamos leyendo.
«Pero el hombre no está hecho para la derrota -dijo-. Al hombre se le puede destruir, pero no derrotar».
Esta frase me golpea/me ilumina justamente ahora, en un periodo marcado por la incertidumbre y, por momentos, la desesperanza. Me recordó la importancia de seguir navegando incluso cuando una parte de tu vida no salió como esperabas, cuando el resultado final ya no depende enteramente de tu esfuerzo y solo queda avanzar.
Hemingway escribió que al hombre se le puede destruir, pero no derrotar. Pensé inmediatamente que eso sonaba muy masculino: un pescador sangrando heroicamente en un bote. Después me di cuenta de que yo también conocía esa sensación: es el desgaste del cuerpo, el trabajo invisible y la obligación de seguir funcionando.
Esto nos dice que detrás de un gran esfuerzo no siempre hay una recompensa, y eso es lo más desgarrador. Y quizás por eso la novela sigue siendo tan vigente: porque habla de algo que todos terminamos descubriendo, tarde o temprano.
Los símbolos de la novela: el viejo, el joven, el mar, el gran pez, los tiburones, dan cuenta de una elaboración, al parecer, consciente por parte del autor para generar la universalidad del texto. Se trata de un clásico, que llegó a mis manos justo a tiempo. Tiene una esctructura sencilla, con un léxico simple y fácil de leer a cualquier edad, sin embargo, se pueden extraer muchas reflexiones.
Cada persona encuentra algo distinto en los libros. Yo encontré una reflexión sobre la perseverancia cuando las cosas no salen como esperabas. Sobre la posibilidad de seguir adelante incluso después de una pérdida. Sobre la diferencia entre fracasar y ser derrotado. Y, al menos por ahora —mientras escribo esta reseña—, esa fue una lectura que necesitaba.
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