viernes, 22 de marzo de 2019

Nunca me abandones (2005), de Kazuo Ishiguro

Nunca me abandones es una novela célebre del Premio Nobel Kazuo Ishiguro. Aunque se inscribe dentro del género distópico —ese que imagina futuros posibles pero inquietantes—, lo que más me atrajo fue su título, tan emotivo (o emo, jaja), que decidí darle una oportunidad, a pesar de no ser fan del género.

La historia comienza con Kathy, ahora de 28 años, recordando su estadía en Hailsham, introduciéndonos de lleno en un maravilloso racconto, en un extenso y minucioso ejercicio de memoria, mientras se pasea por distintos aspectos de su vida. Hailsham era una escuela-internado para niños, niñas y adolescentes con un propósito muy particular. Poco a poco vamos entendiendo que esta “educación especial” esconde un destino siniestro que los alumnos aceptan casi sin cuestionarlo.

Kathy es la protagonista narradora, y se está preparando para hacer su primera donación mientras cuida a otros donantes. Estas son las primeras pistas de que algo extraño ocurría en Hailsham. ¿Qué era lo “especial” que tenían estos estudiantes? ¿Por qué asistían a Hailsham? Poco a poco como lectores vamos descubriendo éstas y otras preguntas, lo que suma una interesante cuota de misterio y expectación a la historia. Como nos cuenta Kath: “Madame nos tenía miedo. Pero nos tenía miedo del mismo modo en que a alguien podían darle miedo las arañas. No estábamos preparadas para eso. Jamás se nos había ocurrido preguntarnos cómo nos sentiríamos nosotras al ser vistas de ese modo, al ser las arañas de la historia”. Kath y sus amigos descubren ser los bichos raros, y a medida que crecen comienzan a preguntarse por ellos mismos, por su diferencia, y su lugar en el mundo, a través de una compleja y constante búsqueda de identidad.

El internado de Hailsham representa una microsociedad, con sus propias reglas, derechos y deberes. Se trata de un mundo que existe en paralelo al mundo real, en donde los estudiantes son educados de un modo especial, potenciando fuertemente sus intereses en el arte, la pintura y la poesía, como modos de conocerse a sí mismos para quizás revelar que son seres que sí poseen un alma (y, por cierto, ¿qué significa esto?). Los/as estudiantes viven en Hailsham, asisten a clases, se enamoran, pelean y también sueñan con otros futuros posibles. Kath nos explica con una dulzura e inocencia formidables sus días pasados, especialmente su relación con sus dos queridos amigos, Ruth y Tommy: cómo se conocieron, cómo conforman un entrañable trío de amistad y cómo, en algún momento de la vida, sus caminos comienzan a separarse sin vuelta atrás.

Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura del año 2017.

Este libro es pura nostalgia. A ratos te rompe el corazón con frases tan bien hechas como tristes de un amor truncado: el amor infinito entre Kath y Tommy aparece al final como un profundo desencanto. La desesperanza aprendida de Kath conmueve, porque nada más triste que un destino nunca realizable. “No hago más que pensar en ese río de no sé qué parte, con unas aguas muy rápidas. Y en esas dos personas que están en medio de ellas, tratando de agarrarse mutuamente, aferrándose con todas sus fuerzas el uno al otro, hasta que al final ya no pueden aguantar más. La corriente es demasiado fuerte. Tienen que soltarse y se separan. Pienso que eso es lo que pasa con nosotros. Qué pena, Kath, porque nos hemos amado siempre. Pero al final no podemos quedarnos juntos”.

Kazuo Ishiguro trata sobre algunos temas fundamentales de la vida: la amistad, la humanidad, la salvación. De diversos modos, el autor, a través de la voz de Kathy, se plantea difíciles preguntas que debe sortear la entonces adolescente, en donde desde su ingenuidad más pura es capaz de enhebrar hilos y comenzar a tejer el camino de este cautivador misterio. Me gustó mucho la voz narradora de Kath porque era como estar escuchando/leyendo a una persona real: autocorrigiendo sus enunciados, recordando aventuras, emocionándose, exagerando y divirtiéndose mientras nos contaba todo. La lectura se hacía muy fresca porque, precisamente, era como estar escuchando a una amiga. Además, parece estar dirigiéndose a un grupo de oyentes cercano y conocido; una audiencia que bien podría conocer Hailsham, sin embargo, ¿a quién se dirigía exactamente? 

El 2010 se estrenó la película basada en el libro, protagonizada por Keira Knightley y Carey Mulligan, y que está en Netflix. Aunque debo reconocer que soy pésima viendo películas, al terminar esta reseña decidí verla. Y, waaaaaaaaa, hermosa: me gustó demasiado. Finalmente, ¿que si recomendaría este libro? Muy sí, porque es un libro que atrapa, te lleva a otro espacio y logra conmover a ratos; pero no es de mis favoritos. De hecho, me costó hacer esta pobre reseña, pero no porque no me haya gustado, sino porque su lectura se me hizo compleja y larga. Es aquí en donde se encuentra una posible respuesta a la típica gran pregunta: ¿por qué la gente no lee? Quizás porque aún no logra encontrar su/s libro/s. En ese sentido, Nunca me abandones no es de mis libros, pero feliz leería otro de Ishiguro.


Portada del libro
Editorial Anagrama
360 páginas

miércoles, 27 de febrero de 2019

La loca de la casa (2003), de Rosa Montero

Rosa Montero, española de 68 años, periodista y escritora, feminista, columnista de El País, autora de renombradas novelas, jurada en diversos festivales y ganadora de ya varios premios literarios. ¿Cómo no intentar leerla? Hace rato venía viendo sus libros, pero éste llamó mucho mi atención, La loca de la casa; lo tomé pensando que se trataba de ella, de su autobiografía, y no me equivoqué tanto (y que, claro, la loca sería ella misma).

La loca de la casa es un libro sobre la literatura, los amores y, sobre todo, la imaginación. La loca de la casa es la denominación que Santa Teresa de Jesús le dio a la imaginación, y Rosa lo toma prestado como modo de reivindicar la imaginación como motor principal de su vida. La autora, ferviente lectora, nos habla de su oficio de escritora, un oficio netamente imaginativo en donde se sufre la angustia creadora, mientras la loca de la casa va limpiando, borrando y modificando recuerdos y sueños. En este libro tan ambicioso la autora se pasea por diversos géneros: la novela, el ensayo, la autobiografía. Porque, ¿cómo escribir sobre el oficio de escribir si no es a partir de uno mismo? Nunca lo que hacemos, pensamos o sentimos estará desligado de nuestro mundo propio y compartido, lo nuestro y lo que nos rodea. Rosa Montero presenta la escritura como un oficio que nace desde el corazón y la mente, desde nuestras experiencias y anhelos: “Podríamos deducir que los humanos somos, por encima de todo, novelistas, autores de una única novela cuya escritura nos lleva toda la existencia y en la que nos reservamos el papel protagonista”.

 Rosa guapa y chora (sueño con una foto mía con un fondo lleno de libros).

Efectivamente, nos está hablando de la identidad: el yo que vamos creando a través de lo narrado. No es dentro de nuestra mente donde tenemos que “mirar” para saber qué somos o cómo pensamos, sino que debemos “mirar” a través de nuestros discursos, nuestros relatos. Nuestra identidad está fundamentalmente relacionada con el lenguaje que utilizamos para referirnos a nosotros mismos (análisis del discurso or what), pues, como nos cuenta la autora: “Siempre he pensado que la narrativa es el arte primordial de los humanos. Para ser, tenemos que narrarnos, y en ese cuento de nosotros mismos hay muchísimo cuento: nos mentimos, nos imaginamos, nos engañamos”. Me gusta mucho esta frase porque es tan real como espeluznante.

A través de 17 capítulos, la escritora va recreando lecturas que la han ido configurando como persona y como escritora; siento que es tan cierto que los libros nos van cambiando: porque leer es una forma de vivir; gracias a las lecturas podemos conocer y adentrarnos en los sentimientos y corazón de los humanos, navegar por mares y descubrir un sinfín de mundos. “Y es que, ¿cómo puede una apañárselas para vivir sin la lectura?". La autora indica que prefiere mil veces dejar de escribir, pero nunca dejar de leer. Es así cómo a través de los capítulos nos va guiando por sus lecturas, citando, nombrando y recomponiendo algunas anécdotas de sus autores favoritos, entre los que destacan Vila-Matas, Kipling, Conrad, Wilde, Calvino, y muchos otros. Pero también Rosa nos habla de feminismo, cómo no.

Nos cuenta que no quiere escribir sobre mujeres; sino, sobre el género humano, la humanidad: es hora de que los lectores hombres se vayan identificando con las protagonistas mujeres, de la misma manera en que nosotras nos hemos identificado, siempre, con los protagonistas masculinos, porque eran los únicos modelos literarios. “Cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer, todo el mundo considera que está hablando sobre mujeres; mientras que cuando un hombre escribe una novela protagonizada por un hombre, todo el mundo considera que está hablando sobre el género humano”: ¡qué cierto! Por eso la autora insiste en que no hay una literatura de mujeres, sino humana, de todxs y para todxs. Finalmente, una novela es todo lo que un escritor es: sus sueños, sus lecturas, su imaginación, sus padres, su clase social, su trabajo, y también su género sexual. Sin embargo, eso no implica que no exista una intención política en la literatura de algunas mujeres, la cual yo celebro y aplaudo.

Otro tema que toca y que me gustó mucho tiene que ver con la auto-censura que aplica un/a escritor/a al momento de escribir. Rosa nos cuenta que la narrativa es, al mismo tiempo, una mascarada y un medio de liberación. Es una mascarada porque disfrazas tu verdad más profunda con frases novelescas; sin embargo, para conseguir ser verdaderamente auténtica debes dejar que la imaginación fluya, permitirle volar y transformarse. “Qué miedo lo que puedan pensar o entender tus familiares cuando te lean”, dice la autora, y qué cierto: madres, padres, esposas, maridos, hijos,, todos ellos -nosotros- imponemos una censura a la imaginación. Yo llevo un diario de vida y me daría mucha vergüenza que esos otros pudiesen leer lo que siento y, sobre todo, lo que escribo de ellos. Vaya que hay que ser valiente para mostrarse así.

En definitiva, La loca de la casa es un libro apasionante, realmente me gustó muchísimo. La autora nos lleva por diferentes temas: el amor, la muerte, la lectura, el feminismo, las mujeres de los escritores famosos, la familia, la juventud,... Lo cual hace del libro un verdadero festín. Lo disfruté a concho, aprendí varias cosas y, sobre todo, me iluminó: me hizo retomar las ganas de escribir y seguir leyendo más novelas y cuentos, y animarme con la poesía, siempre esquiva para mí. Es un libro que me permitió reconectarme con la lectura, darle la importancia que se merece en mi vida y que me recuerda también por qué escribo en este blog. ¡Gracias, Rosa querida!

Portada del libro
Editorial Alfaguara
273 páginas

viernes, 8 de febrero de 2019

El bigote (1985), de Emmanuel Carrére

¿Qué pensarías si me cortara el bigote? Así comienza esta historia inquietante y breve, perturbadora por momentos. Después de haber leído algunos de sus libros más conocidos, El bigote terminó de confirmarme que Emmanuel Carrère es, definitivamente, uno de mis autores favoritos. ¡Qué genio para contar historias! Me lleva por todos los estados: risa, desconcierto, ansiedad, ternura, desasosiego. Tiene una forma de narrar que nos arrastra con naturalidad hacia mundos cada vez más extraños, sin que notemos cuándo cruzamos el umbral.


Ya sé cuál será mi próximo libro de Carrere: Una novela rusa.

Este libro llevaba tiempo apareciéndoseme en bibliotecas y librerías. Finalmente, lo tomé prestado en la Biblioteca de Santiago —mi pequeño gran oasis en la ciudad. El título, aparentemente trivial, esconde una trama que crece como bola de nieve: Carrère toma un gesto mínimo, casi ridículo —afeitarse el bigote— y lo convierte en una pesadilla existencial. Nuevamente, veo en Carrère a un genio: ¿cómo es posible escribir algo tan bueno en base a un hecho tan banal y vulgar como afeitarse el bigote? 

Un día cualquiera, el protagonista, Marc, decide afeitarse el bigote que lleva luciendo desde hace años, y cuando su pareja, Agnes, llega de las compras cotidianas es como si nada hubiese ocurrido; ella no le dice nada y ni siquiera pone cara de asombro al verlo sin su accesorio eterno. Esa misma noche la pareja va a cenar al piso de unos amigos, quienes tampoco notan ni dicen nada al respecto. Esta extraña indiferencia de su entorno más inmediato frente a tan radical cambio de look comienza a desesperar al protagonista, quien comienza a elaborar extrañas hipótesis en su mente, ¿Es un error? ¿Una conspiración? ¿Una broma cruel?

El autor nos lleva hasta lo psicopático, mostrándonos a Marc descolocado, una víctima que intenta defenderse de un mal chiste que comienza a lastimarle: “Marc presintió que a partir de ese momento todo se aceleraría, que cualquier pregunta que hiciese, o incluso sin preguntas, toda observación referida a un pasado común amenazaría con provocar un nuevo desprendimiento”. Una obra para aplaudir.

Agnes y sus amigos insisten en que él nunca ha llevado bigote, y Marc parece delirar elucubrando diversas ideas para explicarse esta inconcebible situación: que Agnes lo está engañando, que sus amigos le quieren volver loco, que su familia lo quiere alejar de todo, etc., Pero el protagonista va más allá: comienza a reunir pruebas para demostrar que todos ellos se equivocan: busca incansablemente las fotografías de las vacaciones en donde llevaba su bigote, la foto de su carnet de conducir, recurre al testimonio del vendedor de su barrio, a quien veía todos los días, e incluso llega a buscar en la basura los restos de vellos que se había cortado horas antes. Todo la trama ocurre en apenas unos días, en donde el bigote, la locura y el amor de pareja se mezclan, encontrándose y divergiendo, al mismo tiempo. Pero siempre la locura como estrella: “Ninguna razón del mundo podía justificar semejante historia, a la vez absurda e irrecuperable. Ninguna razón, salvo la de la locura, que no necesita razones”.

Hasta el final, Carrère mantiene el misterio: ¿quién dice la verdad? ¿Hay una verdad? En el fondo: ¿quién es el loco/a del cuento? Pero poco a poco nos lleva al desenlace: un cuento muy bien jugado, un cuento que hasta el final nos deja en vilo. 
-Dilo -insistió-. Que quede claro, al menos.
-No, no tienes bigote en esta foto.
-¿Ni en ninguna otra?
-Ni en ninguna otra.

Siempre alerta, siempre asombrado y desconfiado, el protagonista se va quedando solo, construyendo un muro, el cual ni siquiera Agnes logra permear. Tal como señala él mismo: “Estaba en pleno París, en un barrio apacible, una tarde de primavera, y querían volverle loco, matarlo, y no tenía ningún sitio adonde ir. Debía escapar, deprisa, antes de que ellos llegaran”. De un momento a otro, Marc es un ser humano que muta, que se transforma, y ya no tiene un sitio al cual pertenecer -cual Gregorio Samsa kafkiano. 

El bigote se lee de un tirón, es tenso, lúcido, con toques de humor negro y giros que nos dejan perplejas. No es mi libro favorito de Carrère, pero sí uno que se disfruta muchísimo. Una lectura breve y poderosa, que demuestra cómo lo mínimo puede volverse monstruoso. ¡Ah! Y hay una película basada en este libro. Me encantaría verla.


Portada del libro
Editorial: Anagrama
184 páginas

domingo, 20 de enero de 2019

Chicas muertas (2014), de Selva Almada

“Nunca nos dijeron que podía violarte tu marido, tu papá, tu hermano, tu primo, tu vecino, tu abuelo, tu maestro. Un varón en el que depositaras toda tu confianza”



A Selva Almada la conocí gracias a un amigo librero, y este libro, en particular, lo encontré en la Biblioteca de Santiago: apenas entré a la sala de autores contemporáneos, fue el primero que vi. Coincidencias, pienso ahora. Lo pedí, lo llevé a la playa, y lo leí en menos de dos días. Me impactó más por lo que cuenta que por cómo está escrito —a ratos me costaba seguirle el ritmo, porque vuelve y revuelve sobre los mismos temas—, pero eso, con el paso de las páginas, dejó de importar: Chicas muertas es un libro que incomoda, que duele, y que interpela.

Selva Almada —escritora, poeta, narradora— nació en Entre Ríos, y se define como una “chica de provincia”. Esa identidad la atraviesa por completo, tanto en su mirada como en su escritura. En este libro, esa pertenencia a lo rural es clave: las escenas transcurren bajo el sol que cae a plomo, en caminos de tierra, en casas humildes, entre siestas densas y micros desvencijadas. Son lugares pequeños, invisibilizados, donde lo que no se ve no existe, y por eso, lo que no se nombra, tampoco duele. El campo no es solo un telón de fondo, sino un escenario social que opera como engranaje del silencio


Selva Almada, escritora autodefinida "chica de provincia". 


Esta crónica literaria reconstruye el asesinato de tres adolescentes en provincias argentinas durante los años ochenta. Crímenes sin culpables, sin justicia, sin explicación. En ese tiempo, aún no existía el concepto de “femicidio” en el discurso público, pero ya existían, por supuesto, las muertas: “tres adolescentes de provincia asesinadas en los años ochenta, tres muertes impunes ocurridas cuando todavía, en nuestro país, desconocíamos el término femicidio”. Se trata de una crónica narrada en primera persona, íntima y lúcida. Y sobre todo, política. Porque más allá de las muertes, Chicas muertas habla de cómo fuimos y seguimos siendo educadas las mujeres: en el miedo, en la ignorancia, en el silencio cómplice. “No sabía que a una mujer podían matarla por el solo hecho de ser mujer, pero había escuchado historias que, con el tiempo, fui hilvanando”.

Como lectora, lo que más me conmovió fue que esas muertes —ocurridas hace más de 30 años en pueblos lejanos— podrían haber pasado ayer, aquí, al lado. Según datos del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, en Chile, al 20 de enero de 2019, en Chile se registran 5 femicidios consumados y 6 femicidios frustrados. Está pasando hoy: el libro como una interpelación constante a nuestra actualidad; el libro como una bandera política.

Chicas muertas no es una lectura cómoda. Pero necesitamos leerlo, necesitamos seguir armando historias, contando verdades, incomodándonos, y alzando la voz para que nunca más.


Portada del libro
Editorial: Random House
185 páginas





jueves, 13 de diciembre de 2018

Temporada de huracanes (2017), de Fernanda Melchor

"Como cuando era niña y todo el pueblo creía y esperaba y hasta rezaba para que La Bruja se muriera enseguida, para que no sufriera, que porque tarde o temprano el diablo iba a venir a reclamarla como suya y la tierra se partiría en dos y las Brujas caerían al abismo, derechito al fuego del infierno"


Este libro me llegó el día de mi cumpleaños, gracias a mi amiga Meli, quien amorosamente me regaló su lectura. Reconozco que lo chutié varias veces antes de tomarlo en serio; mis razones: desconocía a la autora, la portada del libro era un tanto amarga y tenía otras cosas que hacer jaja. Un día lo vi en mi repisa y pensé ¿por qué no? Y empecé a leer y leer y leer. 

Leer a Fernanda Melchor es, literalmente, un huracán de emociones. En Temporada de huracanes explora sin sutilezas el desamparo, la soledad, la injusticia y el abandono social. Es un libro escrito desde la desesperanza, no apto para todos, porque en serio contiene escenas cuáticas, en donde al leerlas mi cara se iba desfigurando mientras mis ojos pasaban por pasajes oscuros y extraños. Este libro me provocó; ésa fue su misión: ponerme en un estado de incomodidad, en donde al final no podía ser indiferente a lo que leía.

Genia, Fernanda.
Fernanda Melchor es una joven periodista mexicana. Su primer y aplaudido libro Aquí no es Miami recoge relatos sobre el México oscuro, indolente y salvaje, que ya quiero leer; no porque sea una drama queen en sí, sino por la prodigiosa narradora que descubrí. Fernanda es una de las escritoras mexicanas más reconocidas en la actualidad, celebrada por su pluma incisiva y penetrante, ha ganado diversos premios de cuento, ensayo y crónica.

Ahora al libro. Temporada de huracanes nos traslada a La Matosa, un pueblito perdido en México. Ahí, la autora, a través de distintas voces, narra la vida y experiencias de una serie de personajes abandonados a su suerte. Abandono que cruza múltiples ejes: el familiar, social y estatal, en una especie de “pueblo sin ley”, sin lazos emocionales fuertes y sin un Estado que vele por la seguridad social. En esta atmósfera de desamparo aparecen el Luismi, el Brando, la Lagarta, la Norma y, por supuesto, La Bruja. Son personajes sumidos en vicios y adicciones variadas, víctimas y victimarios, haciendo cosas increíbles, en un contexto de vulnerabilidad hartante, en donde parece tan difícil juzgarlos, ¿cómo?, si están ahogados en la decadencia.

Las historias familiares cobran especial relevancia en el libro. Hay hermanos, primos, madres e hijos, padrastros e hijastras, mezclándose continuamente, obvio, “pueblo chico, infierno grande”, reza el dicho. Las tramas familiares son escalofriantes, en donde ni siquiera la familia ofrece un lugar de salvación, porque ¿acaso lo que conocemos de las familias se trata de pura construcción social? “Le daban ganas de sacar al niño a patadas de la cama, de golpearlo y jalarlo de los cabellos hasta que aprendiera a limpiarse bien, pinche marrano; un día te voy a dejar en la calle, pa’ que te pierdas, pa’ que te roben; voy a sacarlos a todos de las greñas para que se los lleven los robachicos, a ver si así dejan de estar chingando”. Se trata de parientes y seres que imploran amor, a cambio de todo.

La Bruja es, aparentemente, la protagonista del libro; el ser que encarna todo lo anterior y nos deja entrever su humanidad, mientras ayuda a las mujeres -putas y malas madres- a encontrar el amor a través de conjuros y hechizos de mala fama. La Bruja aparece como “una grosería de criatura”, como la hija del diablo y vaya que se le parecía: “nadie conocía su verdadero nombre. Decía que no tenía, que su madre no más le chistaba para hablarle o la llamaba zonza, cabrona, jija del diablo, le decía, debí matarte cuando naciste, debí tirarte al fondo del río, pinche vieja, pinche culera”. La Bruja también va mutando a lo largo de la historia, primero, como mujer, luego como hombre travestido, enamorado de los chiquillos del pueblo. Pese a todo, La Bruja es temida y respetada: los hombres buscan sus servicios y las mujeres sus conjuros de amor eterno. Fernanda, genia, ¡se da el lujo de moverse por el travestismo!

A través de un lenguaje tan puramente mexicano, la autora nos va poniendo constantemente a prueba porque nos enfrenta a unas historias tan crudas como reales. Es, definitivamente, un libro que me tocó, me puso incómoda y me hizo sentir, ¿cómo ser indiferente ante la miseria y la misoginia que permeaban todas las relaciones del pueblo? ¿Cómo no pensar que, en realidad, la historia de estos personajes no difiere de la historia en cualquier “pobla” de acá? Es un libro que retrata la violencia a través de la incomprensión de protagonistas que solo buscan su lugar en la vida, o en La Matosa. Porque como dice una voz del libro, “Porque a fin de cuentas cada quien hace en esta vida como quiere y cómo puede, ¿verdad?”.

El talento de Fernanda es francamente aplastante: te toma con la historia y no te deja hasta que la terminas. El relato que mezcla crudeza y modismos mexicanos resulta teatral y dramático, en donde hay diversos narradores, cada uno, en un capítulo, dando paso a la historia personal de alguno de los personajes. Es este lenguaje natural el que me mantuvo siempre atenta. ¡Gracias, Meli, por regalarme esta lectura! Me gustó mucho este libro. Ojo, no apto para moralistas: lo recomiendo a todos quieren salir un ratito de su zona de confort, porque vaya que es necesario conocer y permearnos de otras realidades.


Portada del libro
Editorial: Random House
222 páginas

domingo, 4 de noviembre de 2018

Principiantes (2010), de Raymond Carver

“¿Qué fue de ese amor? ¿Simplemente se borró del gran tablón, como si nunca hubiera estado en él, como si nunca hubiera sucedido? Lo que fue de él es lo que yo querría saber. Me gustaría que alguien pudiera decírmelo”



La crítica señala a Raymond Carver como uno de los más grandes cuentistas estadounidenses del siglo XX. Sus relatos cortos han sido catalogados como pertenecientes a las corrientes del “realismo sucio” o el “minimalismo”, debido al marcado carácter naturalista de sus obras, basadas principalmente en las middle classes gringas. Es necesario mencionar que a Carver no le gustaban estas denominaciones, las cuales disminuirían su obra, pues lo que él realmente hacía, según decía, era abordar uno de los principales problemas de la humanidad, a su juicio, el de las relaciones amorosas y familiares. 

Raymond Carver (1938-1988)
Indiscutiblemente, cada escritor/a representa un modo o modos de ver el mundo; cada autor/a que escribe lo hace desde una posición en un campo social que influye (y nunca determina) su propia manera de observar la realidad -a lo Bourdieu, já. En este sentido, Carver, escritor y poeta, es hijo de la clase media estadounidense, y sus escritos reflejan lo que sus ojos veían, recreando historias y pasajes conmovedores, fácilmente imaginables por buena parte de la población. Carver comenzó a publicar en diversas revistas universitarias en los años 70, mientras hacía clases como profesor de inglés e intentaba mantener a su familia y escribir sus propios cuentos y poesía. En este periodo comenzó a tener problemas con el alcohol, situación que lo llevó en varias oportunidades a clínicas para tratarlo.

Principiantes es una compilación 17 cuentos en donde Carver expone situaciones cotidianas de un amplio abanico de personajes de la clase media norteamericana. El autor, a través de su relato, nos aproxima de manera íntima a los personajes de sus historias; como si hiciera un zoom a escenas específicas que no tienen grandes explicaciones o intensidades. La gracia está en contarnos hechos sencillos en momentos específicos: nada heroico o excepcional. Principiantes habla sobre el amor, la familia y la amistad, sobre los sentimientos más profundos que albergamos en nuestras mentes: felicidad, tristeza, desamparo, resignación, odio, celos. Tal como lo sentencia el protagonista del cuento Una última cosa: “Me voy, Maxine- Me voy ahora mismo. Me viene de perlas. Estáis locas las dos. Ésta es un casa de locos. Hay otra vida ahí fuera. Creedme: ésta no es la única vida que existe”. Tantos cuentos reunidos recogen diversas historias y protagonistas, mostrando la difícil vida de que llevan algunas personas, en temas emocionales, socioeconómicos y espirituales.

Personas comunes enfrentadas a conflictos igualmente comunes: hijos que chocan con sus padres, parejas que se distancian sin remedio, amistades que se quiebran bajo el peso de lo no dicho. Carver nos muestra cómo algunas relaciones se desmoronan —o apenas se sostienen— a través de un estilo sobrio, preciso y profundamente humano. “Entre dos personas que viven una intimidad tan estrecha como la nuestra no puede mantenerse en secreto durante mucho tiempo algo de tal naturaleza. Ni siquiera el culpable lo desea. Sabe que las cosas no pueden seguir así indefinidamente, que por algún lado tiene que ceder ese equilibrio precario”. Ese sentimiento de estar atrapados en algo que ya no avanza, y tener que nombrarlo con dolor. Carver observa como pocos, con una delicadeza que convierte lo cotidiano en materia narrativa, situando sus historias en escenarios tan reconocibles como un hospital, una casa, un bar, una pastelería, una fábrica.

Carver es uno de esos autores que vale la pena leer. Me gustaron varios cuentos, por su extraña capacidad de mantenerme alerta y enganchada; mis favoritos fueron: Belvedere: que relata la precaria estabilidad de una pareja que administra un pequeño hotel, la que comienza a tambalearse cuando se descubre que el hombre engañaba a la mujer con la empleada de lugar. Los protagonistas, deciden en conjunto, y pausadamente, terminar de manera muy cortés y civilizada la larga relación entre ambos. Como lo dice la protagonista: “Duane, me ha llevado mucho tiempo llegar a esta decisión, pero tenemos que separarnos. Se acabó, Duane. Será mejor que lo admitamos”.

Otro cuento muy bueno es Tanta agua cerca de casa, historia que comienza con el fin de semana de un grupo de amigos que se van a la naturaleza a pescar, allí encuentran un cadáver cerca del río, pero deciden no hacer caso ni llamar a la Policía, todo con tal de no arruinar la salida tan anhelada por todos. La mujer de uno de ellos no concibe tal indiferencia, y todo cambia para siempre entre ellos desde esa salida. Algo sencillo y bueno es lejos el cuento que más me atrapó: una mujer encarga una torta de cumpleaños para su hijo, quien al día siguiente es internado en el hospital debido a una conmoción cerebral que lo tiene entre la vida y la muerte. Todos los días el pastelero les llama para molestarles y recordarles la torta que aún no retiran del local. Y last but not least, está Principiantes, el cuento que da título al libro. Es uno de los cuentos más largos y creo que bien podría resumir la idea que Carver quiso transmitir en sus otros 16 cuentos que componen el libro: la sensación de despojo e incertidumbre que rodea las relaciones humanas y afectivas. El cuento tiene a dos parejas de amigos que comienzan a debatir sobre el amor, una de las principales conclusiones es que en el amor, siempre seremos meros principiantes -beginners- intentándolo una y otra vez, siempre con la ilusión de que será eterno: “La gracia que nos salva, podríamos decir, es que si algo nos pasara a alguno de nosotros, y perdonadme que lo diga, si algo nos sucediera a alguno de nosotros mañana, creo que el otro, el otro miembro de la pareja, guardaría duelo durante un tiempo, claro, pero el superviviente seguirá con su vida, y volverá a amar, encontrará a alguien muy pronto, y todo ese…, todo ese amor…, Dios, ¿cómo hacernos la idea?, no acabará siendo sino un recuerdo”.

Carver es un gran cuentista, que supo observar y escuchar pequeñas situaciones, escritas en oraciones cortas, y finales rápidos y potentes. La gracia está en que el relato y las referencias son atemporales, pudiendo suceder ayer y hoy, porque el ser humano parece volver siempre sobre las mismas preguntas. Principiantes es un libro que me gustó mucho, los cuentos son buenos, y hay algunos muy buenos, de esos que te hacen pensar y querer conversarlo con tus amigas.



Portada del libro
Editorial: Anagrama
320 páginas


martes, 9 de octubre de 2018

El amor en los tiempos del cólera (1985), de Gabriel García Márquez


"Este no es un buen lugar para una diosa coronada..."


El amor en los tiempos del cólera: a simple simple lectura, la historia de amor entre la bella Fermina Daza y el melancólico Florentino Ariza, que transcurre en un pueblito del caribe colombiano. Se trata de una historia ambientada entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y que dura alrededor de sesenta años. Gabriel García Márquez basó gran parte de este libro en la historia de amor de sus padres; para ello, el escritor se reunía con uno y luego la otra, y les pedía que le contasen sobre su romance: un romance al cual se oponían sus familias por provenir de mundos sociales diferentes. De esta manera Gabo va construyendo El amor en los tiempos del cólera, novela que publica el año 1985. El escritor, en alguna entrevista, dijo: "Durante muchísimos años nosotros tuvimos que oír el cuento de esos amores contrariados que ellos tuvieron, hasta que se casaron, y para "El amor en los tiempos del cólera" tuve que entrevistarlos como reportero, todos los días y por separado”.
Maestro Gabo.

Los personajes principales de esta obra son descritos de manera muy detallada a lo largo de la historia, tanto que somos capaces de entender sus defectos, manías y errores: Por un lado, está la joven Fermina Daza, proveniente de una familia con dudoso abolengo, pero tan inteligente, hermosa y encantadora que todo su origen le es perdonado. Crece como una mujer con gusto refinado, pese a no contar con apellido ni fortuna honrada, pues, su padre era un reconocido estafador. Por otro lado, está Florentino Ariza, un hombre de pocos recursos, que vive con su vieja madre y trabaja en el correo del pueblo. Es un joven escuálido, músico, y también lector y poeta empedernido. La historia trata básicamente sobre ambos. Pero también es importante la figura de Juvenal Urbino, el más famoso médico del pueblo, un hombre apuesto, rico, con mundo y cultura, debido a sus viajes y clase social, quien se transforma en el marido de Fermina. La mayoría de los personajes son retratados desde una perspectiva bastante tradicional en términos de las relaciones de género, sin mucho espacio para lo diferente, en donde el amor cortés predomina en la mayoría de las veces.

Este libro permite muchas lecturas, pero a mi modo de ver es principalmente una historia de un amor, de amor romántico, de amor fulminante, de un amor apasionado. El joven Florentino queda prendado al ver por primera vez a Fermina: “La lección no se interrumpió , pero la niña levantó la vista para ver quién pasaba por la ventana, y esa mirada casual fue el origen de un cataclismo de amor que medio siglo después aún no habría terminado”. El amor que nace sin quererlo comienza a crecer, a través de cartas que se envían los dos jóvenes enamorados. Papeles, sobres y muchas letras se dedican uno a otro, envueltos en una total devoción en torno al primer gran amor. Durante ese año, sin apenas verse, se prometieron la vida y el mundo, escribiendo y esperando cartas con total ansiedad. Se trata de un amor a escondidas, una complicidad que ambos practican con ayuda de Escolástica, la nana de Fermina. 

Durante los años que pasaron separados, Florentino fue idealizando a Fermina, como lo que sucede con todo enamorado nostálgico. “Poco a poco fue idealizándola, atribuyéndole virtudes improbables, sentimientos imaginarios, y al cabo de dos semanas ya no pensaba más que en ella”. Cuando la ve después de mucho tiempo, queda sin aliento, maravillado ante el destello de luz que sus ojos observan: “Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa”. Se trata entonces de un amor idealizado por la nostalgia y la soledad.

Pero también está el amor entre Juvenal y Fermina, quienes casados sin amor, pero por conveniencia social, logran llegar a quererse y respetarse mucho, incluso por sobre las dudas de ambos. “Él era consciente de que no la amaba. Se había casado porque le gustaba su altivez, su seriedad, su fuerza, pero mientras la besaba por primera vez estaba segura de que no habría ningún obstáculo para inventar un buen amor [...] A la larga, ninguno se equivocó”. Además, “es increíble cómo se puede ser tan feliz durante tantos años, en medio de tantas peloteras, de tantas vainas, carajo, sin saber en realidad si eso es amor o no”. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿se puede ser feliz sin realmente amar a la pareja? Ambos conformaban una pareja envidiable, admirable, perfecta. Invitados en cada evento social de la provincia, manejando el mundo con total fluidez, como si estuviesen destinados el uno para el otro. Fermina desataba los celos y admiración de las mujeres de su nuevo mundo social: las mismas mujeres que antes la despreciaban y se burlaban de ella por ser una advenediza sin apellido, ahora se desvivían por ser invitadas a tomar el té a su casa. Con el paso del tiempo Fermina logra borrar de su corazón y su memoria a Florentino. Pero éste no consigue olvidarla y pese a ello se convierte en el Don Juan clandestino del pueblo.

Gabo es uno de las escritores más reconocidos y admirados de Latinoamérica, acaso no el más. Su literatura ha sido traducida a más de 50 idiomas, llegando a muchos rincones del mundo. El año 1982 recibe el Premio Nobel de Literatura, reconocimiento que vino a consolidar su afamada carrera. Éste es el segundo libro que leo de Gabo. El primero fue en Colombia, Funerales de la Mamá Grande, y luego mi amiga Nati me prestó esta obra maestra. Me siento tan en deuda con este genio de la literatura; tengo el libro Vivir para contarla, que se trata de un relato autobiográfico, ¡espero poder leerlo pronto!

El amor en los tiempos del cólera me cautivó desde las primeras líneas, lo leía y lo andaba trayendo por donde anduviese, en el metro, en la micro, en alguna sala de espera, en todos lados, porque apenas tenía unos minutos libres, lo leía con gran atención y cariño. ¡Qué mágico es el mundo de los libros! Suena raro, pero esta historia se robó mi corazón. Tanto detalle, tanta intriga, tanto amor y tantas preguntas, imposible no sucumbir jaja mi alma está eternamente enamorada del amor. El amor en los tiempos del cólera es un relato delicioso, en donde los sentimientos amorosos, mezclados con la cultura de la época, nos atrapan. Lo recomiendo máximamente. Es uno de mis libros favoritos <3 aunque esta breve reseña no le haga ni una pizca de justicia.



Portada del libro
Editorial de Bolsillo
495 páginas