viernes, 8 de febrero de 2019

El bigote (1985), de Emmanuel Carrére

¿Qué pensarías si me cortara el bigote? Así comienza esta historia inquietante y breve, perturbadora por momentos. Después de haber leído algunos de sus libros más conocidos, El bigote terminó de confirmarme que Emmanuel Carrère es, definitivamente, uno de mis autores favoritos. ¡Qué genio para contar historias! Me lleva por todos los estados: risa, desconcierto, ansiedad, ternura, desasosiego. Tiene una forma de narrar que nos arrastra con naturalidad hacia mundos cada vez más extraños, sin que notemos cuándo cruzamos el umbral.


Ya sé cuál será mi próximo libro de Carrere: Una novela rusa.

Este libro llevaba tiempo apareciéndoseme en bibliotecas y librerías. Finalmente, lo tomé prestado en la Biblioteca de Santiago —mi pequeño gran oasis en la ciudad. El título, aparentemente trivial, esconde una trama que crece como bola de nieve: Carrère toma un gesto mínimo, casi ridículo —afeitarse el bigote— y lo convierte en una pesadilla existencial. Nuevamente, veo en Carrère a un genio: ¿cómo es posible escribir algo tan bueno en base a un hecho tan banal y vulgar como afeitarse el bigote? 

Un día cualquiera, el protagonista, Marc, decide afeitarse el bigote que lleva luciendo desde hace años, y cuando su pareja, Agnes, llega de las compras cotidianas es como si nada hubiese ocurrido; ella no le dice nada y ni siquiera pone cara de asombro al verlo sin su accesorio eterno. Esa misma noche la pareja va a cenar al piso de unos amigos, quienes tampoco notan ni dicen nada al respecto. Esta extraña indiferencia de su entorno más inmediato frente a tan radical cambio de look comienza a desesperar al protagonista, quien comienza a elaborar extrañas hipótesis en su mente, ¿Es un error? ¿Una conspiración? ¿Una broma cruel?

El autor nos lleva hasta lo psicopático, mostrándonos a Marc descolocado, una víctima que intenta defenderse de un mal chiste que comienza a lastimarle: “Marc presintió que a partir de ese momento todo se aceleraría, que cualquier pregunta que hiciese, o incluso sin preguntas, toda observación referida a un pasado común amenazaría con provocar un nuevo desprendimiento”. Una obra para aplaudir.

Agnes y sus amigos insisten en que él nunca ha llevado bigote, y Marc parece delirar elucubrando diversas ideas para explicarse esta inconcebible situación: que Agnes lo está engañando, que sus amigos le quieren volver loco, que su familia lo quiere alejar de todo, etc., Pero el protagonista va más allá: comienza a reunir pruebas para demostrar que todos ellos se equivocan: busca incansablemente las fotografías de las vacaciones en donde llevaba su bigote, la foto de su carnet de conducir, recurre al testimonio del vendedor de su barrio, a quien veía todos los días, e incluso llega a buscar en la basura los restos de vellos que se había cortado horas antes. Todo la trama ocurre en apenas unos días, en donde el bigote, la locura y el amor de pareja se mezclan, encontrándose y divergiendo, al mismo tiempo. Pero siempre la locura como estrella: “Ninguna razón del mundo podía justificar semejante historia, a la vez absurda e irrecuperable. Ninguna razón, salvo la de la locura, que no necesita razones”.

Hasta el final, Carrère mantiene el misterio: ¿quién dice la verdad? ¿Hay una verdad? En el fondo: ¿quién es el loco/a del cuento? Pero poco a poco nos lleva al desenlace: un cuento muy bien jugado, un cuento que hasta el final nos deja en vilo. 
-Dilo -insistió-. Que quede claro, al menos.
-No, no tienes bigote en esta foto.
-¿Ni en ninguna otra?
-Ni en ninguna otra.

Siempre alerta, siempre asombrado y desconfiado, el protagonista se va quedando solo, construyendo un muro, el cual ni siquiera Agnes logra permear. Tal como señala él mismo: “Estaba en pleno París, en un barrio apacible, una tarde de primavera, y querían volverle loco, matarlo, y no tenía ningún sitio adonde ir. Debía escapar, deprisa, antes de que ellos llegaran”. De un momento a otro, Marc es un ser humano que muta, que se transforma, y ya no tiene un sitio al cual pertenecer -cual Gregorio Samsa kafkiano. 

El bigote se lee de un tirón, es tenso, lúcido, con toques de humor negro y giros que nos dejan perplejas. No es mi libro favorito de Carrère, pero sí uno que se disfruta muchísimo. Una lectura breve y poderosa, que demuestra cómo lo mínimo puede volverse monstruoso. ¡Ah! Y hay una película basada en este libro. Me encantaría verla.


Portada del libro
Editorial: Anagrama
184 páginas

domingo, 20 de enero de 2019

Chicas muertas (2014), de Selva Almada

“Nunca nos dijeron que podía violarte tu marido, tu papá, tu hermano, tu primo, tu vecino, tu abuelo, tu maestro. Un varón en el que depositaras toda tu confianza”



A Selva Almada la conocí gracias a un amigo librero, y este libro, en particular, lo encontré en la Biblioteca de Santiago: apenas entré a la sala de autores contemporáneos, fue el primero que vi. Coincidencias, pienso ahora. Lo pedí, lo llevé a la playa, y lo leí en menos de dos días. Me impactó más por lo que cuenta que por cómo está escrito —a ratos me costaba seguirle el ritmo, porque vuelve y revuelve sobre los mismos temas—, pero eso, con el paso de las páginas, dejó de importar: Chicas muertas es un libro que incomoda, que duele, y que interpela.

Selva Almada —escritora, poeta, narradora— nació en Entre Ríos, y se define como una “chica de provincia”. Esa identidad la atraviesa por completo, tanto en su mirada como en su escritura. En este libro, esa pertenencia a lo rural es clave: las escenas transcurren bajo el sol que cae a plomo, en caminos de tierra, en casas humildes, entre siestas densas y micros desvencijadas. Son lugares pequeños, invisibilizados, donde lo que no se ve no existe, y por eso, lo que no se nombra, tampoco duele. El campo no es solo un telón de fondo, sino un escenario social que opera como engranaje del silencio


Selva Almada, escritora autodefinida "chica de provincia". 


Esta crónica literaria reconstruye el asesinato de tres adolescentes en provincias argentinas durante los años ochenta. Crímenes sin culpables, sin justicia, sin explicación. En ese tiempo, aún no existía el concepto de “femicidio” en el discurso público, pero ya existían, por supuesto, las muertas: “tres adolescentes de provincia asesinadas en los años ochenta, tres muertes impunes ocurridas cuando todavía, en nuestro país, desconocíamos el término femicidio”. Se trata de una crónica narrada en primera persona, íntima y lúcida. Y sobre todo, política. Porque más allá de las muertes, Chicas muertas habla de cómo fuimos y seguimos siendo educadas las mujeres: en el miedo, en la ignorancia, en el silencio cómplice. “No sabía que a una mujer podían matarla por el solo hecho de ser mujer, pero había escuchado historias que, con el tiempo, fui hilvanando”.

Como lectora, lo que más me conmovió fue que esas muertes —ocurridas hace más de 30 años en pueblos lejanos— podrían haber pasado ayer, aquí, al lado. Según datos del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, en Chile, al 20 de enero de 2019, en Chile se registran 5 femicidios consumados y 6 femicidios frustrados. Está pasando hoy: el libro como una interpelación constante a nuestra actualidad; el libro como una bandera política.

Chicas muertas no es una lectura cómoda. Pero necesitamos leerlo, necesitamos seguir armando historias, contando verdades, incomodándonos, y alzando la voz para que nunca más.


Portada del libro
Editorial: Random House
185 páginas





jueves, 13 de diciembre de 2018

Temporada de huracanes (2017), de Fernanda Melchor

"Como cuando era niña y todo el pueblo creía y esperaba y hasta rezaba para que La Bruja se muriera enseguida, para que no sufriera, que porque tarde o temprano el diablo iba a venir a reclamarla como suya y la tierra se partiría en dos y las Brujas caerían al abismo, derechito al fuego del infierno"


Este libro me llegó el día de mi cumpleaños, gracias a mi amiga Meli, quien amorosamente me regaló su lectura. Reconozco que lo chutié varias veces antes de tomarlo en serio; mis razones: desconocía a la autora, la portada del libro era un tanto amarga y tenía otras cosas que hacer jaja. Un día lo vi en mi repisa y pensé ¿por qué no? Y empecé a leer y leer y leer. 

Leer a Fernanda Melchor es, literalmente, un huracán de emociones. En Temporada de huracanes explora sin sutilezas el desamparo, la soledad, la injusticia y el abandono social. Es un libro escrito desde la desesperanza, no apto para todos, porque en serio contiene escenas cuáticas, en donde al leerlas mi cara se iba desfigurando mientras mis ojos pasaban por pasajes oscuros y extraños. Este libro me provocó; ésa fue su misión: ponerme en un estado de incomodidad, en donde al final no podía ser indiferente a lo que leía.

Genia, Fernanda.
Fernanda Melchor es una joven periodista mexicana. Su primer y aplaudido libro Aquí no es Miami recoge relatos sobre el México oscuro, indolente y salvaje, que ya quiero leer; no porque sea una drama queen en sí, sino por la prodigiosa narradora que descubrí. Fernanda es una de las escritoras mexicanas más reconocidas en la actualidad, celebrada por su pluma incisiva y penetrante, ha ganado diversos premios de cuento, ensayo y crónica.

Ahora al libro. Temporada de huracanes nos traslada a La Matosa, un pueblito perdido en México. Ahí, la autora, a través de distintas voces, narra la vida y experiencias de una serie de personajes abandonados a su suerte. Abandono que cruza múltiples ejes: el familiar, social y estatal, en una especie de “pueblo sin ley”, sin lazos emocionales fuertes y sin un Estado que vele por la seguridad social. En esta atmósfera de desamparo aparecen el Luismi, el Brando, la Lagarta, la Norma y, por supuesto, La Bruja. Son personajes sumidos en vicios y adicciones variadas, víctimas y victimarios, haciendo cosas increíbles, en un contexto de vulnerabilidad hartante, en donde parece tan difícil juzgarlos, ¿cómo?, si están ahogados en la decadencia.

Las historias familiares cobran especial relevancia en el libro. Hay hermanos, primos, madres e hijos, padrastros e hijastras, mezclándose continuamente, obvio, “pueblo chico, infierno grande”, reza el dicho. Las tramas familiares son escalofriantes, en donde ni siquiera la familia ofrece un lugar de salvación, porque ¿acaso lo que conocemos de las familias se trata de pura construcción social? “Le daban ganas de sacar al niño a patadas de la cama, de golpearlo y jalarlo de los cabellos hasta que aprendiera a limpiarse bien, pinche marrano; un día te voy a dejar en la calle, pa’ que te pierdas, pa’ que te roben; voy a sacarlos a todos de las greñas para que se los lleven los robachicos, a ver si así dejan de estar chingando”. Se trata de parientes y seres que imploran amor, a cambio de todo.

La Bruja es, aparentemente, la protagonista del libro; el ser que encarna todo lo anterior y nos deja entrever su humanidad, mientras ayuda a las mujeres -putas y malas madres- a encontrar el amor a través de conjuros y hechizos de mala fama. La Bruja aparece como “una grosería de criatura”, como la hija del diablo y vaya que se le parecía: “nadie conocía su verdadero nombre. Decía que no tenía, que su madre no más le chistaba para hablarle o la llamaba zonza, cabrona, jija del diablo, le decía, debí matarte cuando naciste, debí tirarte al fondo del río, pinche vieja, pinche culera”. La Bruja también va mutando a lo largo de la historia, primero, como mujer, luego como hombre travestido, enamorado de los chiquillos del pueblo. Pese a todo, La Bruja es temida y respetada: los hombres buscan sus servicios y las mujeres sus conjuros de amor eterno. Fernanda, genia, ¡se da el lujo de moverse por el travestismo!

A través de un lenguaje tan puramente mexicano, la autora nos va poniendo constantemente a prueba porque nos enfrenta a unas historias tan crudas como reales. Es, definitivamente, un libro que me tocó, me puso incómoda y me hizo sentir, ¿cómo ser indiferente ante la miseria y la misoginia que permeaban todas las relaciones del pueblo? ¿Cómo no pensar que, en realidad, la historia de estos personajes no difiere de la historia en cualquier “pobla” de acá? Es un libro que retrata la violencia a través de la incomprensión de protagonistas que solo buscan su lugar en la vida, o en La Matosa. Porque como dice una voz del libro, “Porque a fin de cuentas cada quien hace en esta vida como quiere y cómo puede, ¿verdad?”.

El talento de Fernanda es francamente aplastante: te toma con la historia y no te deja hasta que la terminas. El relato que mezcla crudeza y modismos mexicanos resulta teatral y dramático, en donde hay diversos narradores, cada uno, en un capítulo, dando paso a la historia personal de alguno de los personajes. Es este lenguaje natural el que me mantuvo siempre atenta. ¡Gracias, Meli, por regalarme esta lectura! Me gustó mucho este libro. Ojo, no apto para moralistas: lo recomiendo a todos quieren salir un ratito de su zona de confort, porque vaya que es necesario conocer y permearnos de otras realidades.


Portada del libro
Editorial: Random House
222 páginas

domingo, 4 de noviembre de 2018

Principiantes (2010), de Raymond Carver

“¿Qué fue de ese amor? ¿Simplemente se borró del gran tablón, como si nunca hubiera estado en él, como si nunca hubiera sucedido? Lo que fue de él es lo que yo querría saber. Me gustaría que alguien pudiera decírmelo”



La crítica señala a Raymond Carver como uno de los más grandes cuentistas estadounidenses del siglo XX. Sus relatos cortos han sido catalogados como pertenecientes a las corrientes del “realismo sucio” o el “minimalismo”, debido al marcado carácter naturalista de sus obras, basadas principalmente en las middle classes gringas. Es necesario mencionar que a Carver no le gustaban estas denominaciones, las cuales disminuirían su obra, pues lo que él realmente hacía, según decía, era abordar uno de los principales problemas de la humanidad, a su juicio, el de las relaciones amorosas y familiares. 

Raymond Carver (1938-1988)
Indiscutiblemente, cada escritor/a representa un modo o modos de ver el mundo; cada autor/a que escribe lo hace desde una posición en un campo social que influye (y nunca determina) su propia manera de observar la realidad -a lo Bourdieu, já. En este sentido, Carver, escritor y poeta, es hijo de la clase media estadounidense, y sus escritos reflejan lo que sus ojos veían, recreando historias y pasajes conmovedores, fácilmente imaginables por buena parte de la población. Carver comenzó a publicar en diversas revistas universitarias en los años 70, mientras hacía clases como profesor de inglés e intentaba mantener a su familia y escribir sus propios cuentos y poesía. En este periodo comenzó a tener problemas con el alcohol, situación que lo llevó en varias oportunidades a clínicas para tratarlo.

Principiantes es una compilación 17 cuentos en donde Carver expone situaciones cotidianas de un amplio abanico de personajes de la clase media norteamericana. El autor, a través de su relato, nos aproxima de manera íntima a los personajes de sus historias; como si hiciera un zoom a escenas específicas que no tienen grandes explicaciones o intensidades. La gracia está en contarnos hechos sencillos en momentos específicos: nada heroico o excepcional. Principiantes habla sobre el amor, la familia y la amistad, sobre los sentimientos más profundos que albergamos en nuestras mentes: felicidad, tristeza, desamparo, resignación, odio, celos. Tal como lo sentencia el protagonista del cuento Una última cosa: “Me voy, Maxine- Me voy ahora mismo. Me viene de perlas. Estáis locas las dos. Ésta es un casa de locos. Hay otra vida ahí fuera. Creedme: ésta no es la única vida que existe”. Tantos cuentos reunidos recogen diversas historias y protagonistas, mostrando la difícil vida de que llevan algunas personas, en temas emocionales, socioeconómicos y espirituales.

Personas comunes enfrentadas a conflictos igualmente comunes: hijos que chocan con sus padres, parejas que se distancian sin remedio, amistades que se quiebran bajo el peso de lo no dicho. Carver nos muestra cómo algunas relaciones se desmoronan —o apenas se sostienen— a través de un estilo sobrio, preciso y profundamente humano. “Entre dos personas que viven una intimidad tan estrecha como la nuestra no puede mantenerse en secreto durante mucho tiempo algo de tal naturaleza. Ni siquiera el culpable lo desea. Sabe que las cosas no pueden seguir así indefinidamente, que por algún lado tiene que ceder ese equilibrio precario”. Ese sentimiento de estar atrapados en algo que ya no avanza, y tener que nombrarlo con dolor. Carver observa como pocos, con una delicadeza que convierte lo cotidiano en materia narrativa, situando sus historias en escenarios tan reconocibles como un hospital, una casa, un bar, una pastelería, una fábrica.

Carver es uno de esos autores que vale la pena leer. Me gustaron varios cuentos, por su extraña capacidad de mantenerme alerta y enganchada; mis favoritos fueron: Belvedere: que relata la precaria estabilidad de una pareja que administra un pequeño hotel, la que comienza a tambalearse cuando se descubre que el hombre engañaba a la mujer con la empleada de lugar. Los protagonistas, deciden en conjunto, y pausadamente, terminar de manera muy cortés y civilizada la larga relación entre ambos. Como lo dice la protagonista: “Duane, me ha llevado mucho tiempo llegar a esta decisión, pero tenemos que separarnos. Se acabó, Duane. Será mejor que lo admitamos”.

Otro cuento muy bueno es Tanta agua cerca de casa, historia que comienza con el fin de semana de un grupo de amigos que se van a la naturaleza a pescar, allí encuentran un cadáver cerca del río, pero deciden no hacer caso ni llamar a la Policía, todo con tal de no arruinar la salida tan anhelada por todos. La mujer de uno de ellos no concibe tal indiferencia, y todo cambia para siempre entre ellos desde esa salida. Algo sencillo y bueno es lejos el cuento que más me atrapó: una mujer encarga una torta de cumpleaños para su hijo, quien al día siguiente es internado en el hospital debido a una conmoción cerebral que lo tiene entre la vida y la muerte. Todos los días el pastelero les llama para molestarles y recordarles la torta que aún no retiran del local. Y last but not least, está Principiantes, el cuento que da título al libro. Es uno de los cuentos más largos y creo que bien podría resumir la idea que Carver quiso transmitir en sus otros 16 cuentos que componen el libro: la sensación de despojo e incertidumbre que rodea las relaciones humanas y afectivas. El cuento tiene a dos parejas de amigos que comienzan a debatir sobre el amor, una de las principales conclusiones es que en el amor, siempre seremos meros principiantes -beginners- intentándolo una y otra vez, siempre con la ilusión de que será eterno: “La gracia que nos salva, podríamos decir, es que si algo nos pasara a alguno de nosotros, y perdonadme que lo diga, si algo nos sucediera a alguno de nosotros mañana, creo que el otro, el otro miembro de la pareja, guardaría duelo durante un tiempo, claro, pero el superviviente seguirá con su vida, y volverá a amar, encontrará a alguien muy pronto, y todo ese…, todo ese amor…, Dios, ¿cómo hacernos la idea?, no acabará siendo sino un recuerdo”.

Carver es un gran cuentista, que supo observar y escuchar pequeñas situaciones, escritas en oraciones cortas, y finales rápidos y potentes. La gracia está en que el relato y las referencias son atemporales, pudiendo suceder ayer y hoy, porque el ser humano parece volver siempre sobre las mismas preguntas. Principiantes es un libro que me gustó mucho, los cuentos son buenos, y hay algunos muy buenos, de esos que te hacen pensar y querer conversarlo con tus amigas.



Portada del libro
Editorial: Anagrama
320 páginas


martes, 9 de octubre de 2018

El amor en los tiempos del cólera (1985), de Gabriel García Márquez


"Este no es un buen lugar para una diosa coronada..."


El amor en los tiempos del cólera: a simple simple lectura, la historia de amor entre la bella Fermina Daza y el melancólico Florentino Ariza, que transcurre en un pueblito del caribe colombiano. Se trata de una historia ambientada entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y que dura alrededor de sesenta años. Gabriel García Márquez basó gran parte de este libro en la historia de amor de sus padres; para ello, el escritor se reunía con uno y luego la otra, y les pedía que le contasen sobre su romance: un romance al cual se oponían sus familias por provenir de mundos sociales diferentes. De esta manera Gabo va construyendo El amor en los tiempos del cólera, novela que publica el año 1985. El escritor, en alguna entrevista, dijo: "Durante muchísimos años nosotros tuvimos que oír el cuento de esos amores contrariados que ellos tuvieron, hasta que se casaron, y para "El amor en los tiempos del cólera" tuve que entrevistarlos como reportero, todos los días y por separado”.
Maestro Gabo.

Los personajes principales de esta obra son descritos de manera muy detallada a lo largo de la historia, tanto que somos capaces de entender sus defectos, manías y errores: Por un lado, está la joven Fermina Daza, proveniente de una familia con dudoso abolengo, pero tan inteligente, hermosa y encantadora que todo su origen le es perdonado. Crece como una mujer con gusto refinado, pese a no contar con apellido ni fortuna honrada, pues, su padre era un reconocido estafador. Por otro lado, está Florentino Ariza, un hombre de pocos recursos, que vive con su vieja madre y trabaja en el correo del pueblo. Es un joven escuálido, músico, y también lector y poeta empedernido. La historia trata básicamente sobre ambos. Pero también es importante la figura de Juvenal Urbino, el más famoso médico del pueblo, un hombre apuesto, rico, con mundo y cultura, debido a sus viajes y clase social, quien se transforma en el marido de Fermina. La mayoría de los personajes son retratados desde una perspectiva bastante tradicional en términos de las relaciones de género, sin mucho espacio para lo diferente, en donde el amor cortés predomina en la mayoría de las veces.

Este libro permite muchas lecturas, pero a mi modo de ver es principalmente una historia de un amor, de amor romántico, de amor fulminante, de un amor apasionado. El joven Florentino queda prendado al ver por primera vez a Fermina: “La lección no se interrumpió , pero la niña levantó la vista para ver quién pasaba por la ventana, y esa mirada casual fue el origen de un cataclismo de amor que medio siglo después aún no habría terminado”. El amor que nace sin quererlo comienza a crecer, a través de cartas que se envían los dos jóvenes enamorados. Papeles, sobres y muchas letras se dedican uno a otro, envueltos en una total devoción en torno al primer gran amor. Durante ese año, sin apenas verse, se prometieron la vida y el mundo, escribiendo y esperando cartas con total ansiedad. Se trata de un amor a escondidas, una complicidad que ambos practican con ayuda de Escolástica, la nana de Fermina. 

Durante los años que pasaron separados, Florentino fue idealizando a Fermina, como lo que sucede con todo enamorado nostálgico. “Poco a poco fue idealizándola, atribuyéndole virtudes improbables, sentimientos imaginarios, y al cabo de dos semanas ya no pensaba más que en ella”. Cuando la ve después de mucho tiempo, queda sin aliento, maravillado ante el destello de luz que sus ojos observan: “Le parecía tan bella, tan seductora, tan distinta de la gente común, que no entendía por qué nadie se trastornaba como él con las castañuelas de sus tacones en los adoquines de la calle, ni se le desordenaba el corazón con el aire de los suspiros de sus volantes, ni se volvía loco de amor todo el mundo con los vientos de su trenza, el vuelo de sus manos, el oro de su risa”. Se trata entonces de un amor idealizado por la nostalgia y la soledad.

Pero también está el amor entre Juvenal y Fermina, quienes casados sin amor, pero por conveniencia social, logran llegar a quererse y respetarse mucho, incluso por sobre las dudas de ambos. “Él era consciente de que no la amaba. Se había casado porque le gustaba su altivez, su seriedad, su fuerza, pero mientras la besaba por primera vez estaba segura de que no habría ningún obstáculo para inventar un buen amor [...] A la larga, ninguno se equivocó”. Además, “es increíble cómo se puede ser tan feliz durante tantos años, en medio de tantas peloteras, de tantas vainas, carajo, sin saber en realidad si eso es amor o no”. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿se puede ser feliz sin realmente amar a la pareja? Ambos conformaban una pareja envidiable, admirable, perfecta. Invitados en cada evento social de la provincia, manejando el mundo con total fluidez, como si estuviesen destinados el uno para el otro. Fermina desataba los celos y admiración de las mujeres de su nuevo mundo social: las mismas mujeres que antes la despreciaban y se burlaban de ella por ser una advenediza sin apellido, ahora se desvivían por ser invitadas a tomar el té a su casa. Con el paso del tiempo Fermina logra borrar de su corazón y su memoria a Florentino. Pero éste no consigue olvidarla y pese a ello se convierte en el Don Juan clandestino del pueblo.

Gabo es uno de las escritores más reconocidos y admirados de Latinoamérica, acaso no el más. Su literatura ha sido traducida a más de 50 idiomas, llegando a muchos rincones del mundo. El año 1982 recibe el Premio Nobel de Literatura, reconocimiento que vino a consolidar su afamada carrera. Éste es el segundo libro que leo de Gabo. El primero fue en Colombia, Funerales de la Mamá Grande, y luego mi amiga Nati me prestó esta obra maestra. Me siento tan en deuda con este genio de la literatura; tengo el libro Vivir para contarla, que se trata de un relato autobiográfico, ¡espero poder leerlo pronto!

El amor en los tiempos del cólera me cautivó desde las primeras líneas, lo leía y lo andaba trayendo por donde anduviese, en el metro, en la micro, en alguna sala de espera, en todos lados, porque apenas tenía unos minutos libres, lo leía con gran atención y cariño. ¡Qué mágico es el mundo de los libros! Suena raro, pero esta historia se robó mi corazón. Tanto detalle, tanta intriga, tanto amor y tantas preguntas, imposible no sucumbir jaja mi alma está eternamente enamorada del amor. El amor en los tiempos del cólera es un relato delicioso, en donde los sentimientos amorosos, mezclados con la cultura de la época, nos atrapan. Lo recomiendo máximamente. Es uno de mis libros favoritos <3 aunque esta breve reseña no le haga ni una pizca de justicia.



Portada del libro
Editorial de Bolsillo
495 páginas

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Un hombre enamorado (2014), de Karl Ove Knausgård

Un hombre enamorado es el segundo tomo de un importante proyecto literario titulado “Mi lucha”. En este proyecto, que consta de cinco libros, el autor noruego Karl Ove Knausgard (KOK) convierte su vida en material literario. Lo más lógico habría sido empezar por el primer tomo, pero no pude resistirme al título: ¿cómo es él como un hombre enamorado?, ¿qué significa eso? Cada vez me gustan más las obras autobiográficas y/o de no ficción, porque giran en torno a lo íntimo: sentimientos, pensamientos, deseos ocultos. Me conmueve leer párrafos que emocionan o provocan cierta "vergüenza ajena", por lo brutal de sus confesiones o la crudeza de sus emociones. Y este libro es eso: un testimonio profundo, hermoso, desbordado.

Knausgard narra su vida tras una ruptura amorosa. Se muda desde Noruega a Suecia, conoce a Linda —su nuevo amor y madre de sus tres hijos— y trata de sobrellevar su oficio de escritor, acosado por el ego, la urgencia económica y una necesidad existencial de escribir. Es capaz de convertir lo cotidiano en reflexión pura, mezclando ironía y una honestidad casi incómoda. Se muestra como alguien tímido, impaciente, solitario, constantemente insatisfecho.

Hay varios puntos por donde la obra va dando vueltas. Uno que agota varias páginas trata sobre lo diferente y extraño que se siente viviendo en Estocolmo; comparando constantemente Suecia con su natal Noruega. El autor parece no soportar la frivolidad sueca, en donde la apariencia liberal de sus habitantes esconde lo más conservador de su cultura y mentalidad de su gente. El autor se ríe de la vida burguesa contemporánea, de la forma de vivir en la ciudad, en donde todo parece sacado de una pulcra revista de casas, de la perfección absoluta, aunque escondan las pelusas bajo la alfombra.  Pero al mismo tiempo, Estocolmo termina convirtiéndose en la gran ciudad para este escritor, en donde puede sentirse tranquilo y en donde puede escapar siempre: “Pero para mí lo positivo de vivir en una gran ciudad era poder estar completamente solo en ella, a la vez de estar rodeado de gente por todas partes. ¡Todos con caras que jamás había visto! Esa incesante corriente de nuevos rostros era para mí el placer de la gran ciudad. El metro con su multitud de tipos y caracteres. Los mercados. Las calles peatonales. Los cafés. Los grandes centros comerciales. Distancia, distancia, nunca podía tener suficiente distancia”.


Karl Ove Knausgard, escritor noruego, nació el año 1968.


Otra línea potente es la exposición sin filtro de su miseria cotidiana: su incomodidad como padre, su tensión con la masculinidad, la contradicción entre su necesidad de independencia y el peso del amor y las responsabilidades. No oculta nada. Se muestra herido, frustrado, sobrepasado por la vida familiar. Y sin embargo, uno sigue leyéndolo, fascinado. Porque su escritura es eso: una forma de entender, de recomponerse. Aspira a ser un hombre bueno, honrado y honesto, un hombre que mira a la gente a los ojos, en definitiva, una persona en quien otros puedan confiar, pero sentía que no era así. “Tonje, con quien llevaba ocho años, debería hacerme feliz, compartir mi vida con ella, tan maravillosa como era. Encontrarme con mi hermano Ynge, y sus hijos debería hacerme feliz. Toda la música que existía, toda la literatura que existía, todo el arte que existía, feliz, feliz, feliz, deberían hacerme feliz. Toda esa belleza del mundo, que debería ser insoportable, me era indiferente. Mis amigos me eran indiferentes. Mi vida me era indiferente. Quería volver a ser feliz. Sonaba estúpido, no se lo podía decir a nadie, pero así era”. 

Pensar y reflexionar sobre lo que nos conmueve es un ejercicio que, generalmente, muy pocas veces hacemos, por eso me gusta este tipo de género literario, en donde los autores se muestran vulnerables frente al mundo. El autor propone la escritura como una herramienta para auto descubrirse y re-conocerse. A lo largo del libro se presenta la historia de amor entre KOK y Linda como una historia de altos y bajos, como una historia que comienza de manera casi perfecta y que con el paso del tiempo se va desgastando hasta llegar al colapso. KOK nos relata el largo y dramático período en que él y Linda comienzan a consolidarse como pareja y cómo va descubriendo cosas nuevas en su mujer amada; cosas que solo consigue dar forma a través del relato, de la escritura: “Escribí qué significaba ella para mí. Escribí qué significó cuando la vi por primera vez y qué significaba ahora. Escribí sobre sus labios, que se deslizaban sobre sus dientes cuando se entusiasmaba con algo, escribí sobre sus ojos cuando chisporroteaban y cuando abrían su oscuridad como si absorbieran la luz. Escribí sobre su risa, que en ocasiones llegaba a dominarlo todo, y sobre cuánto la amaba en esos momentos. Escribí sobre las palabras que ella empleaba con más frecuencia, sobre cómo decía la palabra “estrella” y la manera en que sembraba por todas partes la palabra “fantástico”. Aunque no la conocía lo suficiente, sabía que la amaba y que la amaría siempre”. 

Este libro permite identificar los límites de la masculinidad tradicional, la fragilidad emocional del autor y la paradoja de la exposición pública, pero además nos hace cuestionarnos sobre la vulnerabilidad que experimentamos porque, ¿quién no ha sentido alguna vez que la belleza del mundo no basta para sostenernos?

Karl Ove es un hombre apasionado. Para él no hay puntos medios: es todo o nada. Y mi frase favorita del libro: “Entonces conocí a Linda y salió el sol. No puedo expresarlo de otra manera. El sol salió en mi vida. Al principio sólo como un claro en el horizonte, como diciendo tienes que mirar hacia aquí. Luego llegaron los primeros rayos, todo se volvió más nítido, más vivo, yo me sentía cada vez más feliz, y el sol estaba en medio del cielo de mi vida ardiendo, ardiendo, ardiendo”. 

Portada del libro
Editorial Anagrama
Pgs: 629

miércoles, 27 de junio de 2018

La guerra no tiene rostro de mujer (2015), de Svetlana Alexievich

¿Cómo un libro puede ser tan lindo, tan crudo, tan nostálgico y tan valiente al mismo tiempo? En primer lugar, y ante todo, destaco mi experiencia personal: amé este libro, mi corazón no pudo más de emoción. No es un novela, no son cuentos, no son poemas. Son testimonios reales, de cientos de mujeres de las antiguas repúblicas socialistas soviéticas que lucharon durante la Segunda Guerra Mundial defendiendo lo que para ellas era lo más importante: su Patria. Son mujeres ex francotiradoras, conductoras de tanques, miembros de agrupaciones clandestinas, partisanas, enfermeras, cocineras  que sobrevivieron a la invasión, ocupación y guerra contra el fascismo entre los años 1941 y 1945. Lo que hace Svetlana es revelar los más profundos sentimientos de estas mujeres: “No escribo sobre la guerra, sino sobre el ser humano en la guerra. No escribo la historia de la guerra, sino la historia de los sentimientos. Soy historiadora del alma”.

Svetlana Alexievich, periodista y escritora bielorrusa, lo dice “recordar es, sobre todo, un acto creativo”, y tal como lo enuncia el sociólogo francés Maurice Halbwachs, recordamos lo que queremos recordar,  esto es, nuestra memoria selecciona sus propios recuerdos. De este modo, las mujeres iban seleccionando sus palabras, las cuales iban relatando a la escritora desde la comodidad de una cita en sus casas, con un café o galletitas recién horneadas, porque recordar también trae al presente los fantasma del pasado: “Todo alrededor es corriente, excepto su memoria”. Lo hermosamente político de esta obra es que la autora trabajó durante años, escuchando a cientos de mujeres, viajando por más de 200 localidades diferentes, recopilando material, historias y anécdotas en primera persona, para dar voz a quienes no la tuvieron, a quienes se la robaron. Las mujeres recuerdan el pasado con todo su cuerpo: con su mente, con su llanto y su asombro, pero también recuerdan a través de las expresiones de sus ojos y sus manos... La autora lamenta no poder “grabar” esos momentos. Hablar en nombre de quienes han sido silenciadas por más de 60 años es un acto político en sí mismo, y lo valoro enormemente. Veo a la escritura como una herramienta ética y social. Y este libro, sin duda, lo confirma.

El trabajo de Alexiévich es meticuloso y profundo. A ratos parece un gran reportaje; a ratos, una etnografía íntima. Las entrevistas revelan no solo los hechos, sino también los detalles más humanos: cómo se vestían, cómo se hablaban, cómo soñaban. Hay un tono poético y un trasfondo sociológico que hace que este libro trascienda cualquier clasificación de género.

El libro está compuesto po 17 capítulos, y en cada uno de ellos, Svetlana realiza una pequeña introducción para luego dar paso a sus protagonistas, quienes se toman literalmente la obra. Su voz aparece poco. Ella se oculta, como quien sabe que la historia no le pertenece. Y eso se agradece, porque, precisamente, la fuerza está en las voces de esas mujeres.



Svetlana Alexiévich, escritora y periodista bielorrusa. Reconocida con el Premio Nobel de Literatura 2015.

Las mujeres, actores sociales históricamente sometidas, humilladas, silenciadas, cobran protagonismo en este libro. Las mujeres estaban allí, en el Frente, curando heridas, conduciendo trenes y tanques, sin embargo, la historia oficial las ocultó, no las quiso escuchar; la historia las hizo desaparecer y, a su vez, ellas quisieron olvidar. Lo que hace Svetlana es contar la Guerra desde la perspectiva de los “otros”, en este gran collage de relatos hablan las mujeres, porque, concuerdo con la autora, los relatos de mujeres sí son diferentes, ellas/nosotras hablan/hablamos de otras cosas, otros colores, otros olores, otros espacios. En estos relatos no hay grandes héroes o heroínas, sino seres humanos que sufren en conjunto con la naturaleza, los animales y los árboles. 

Y es que todo lo que sabemos de las guerras, nos fue transmitido por hombres, contado y respaldado por hombres: “Y los libros que hablan de las guerras son incontables. Sin embargo… siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres, eso lo veo enseguida. Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la “voz masculina”. Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones “masculinas”. De las palabras “masculinas”. Las mujeres mientras tanto guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado nada a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre. Guardan silencio incluso las que estuvieron en la guerra. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra “femenina”, sino la “masculina”. Se adaptan al canon, escribe la autora.

Varias veces, los relatos de esas mujeres me dejaron pensando: la familia, el odio, la guerra, el dolor, la fraternidad, la venganza y el amor, siempre el amor. Los relatos de estas mujeres, nos enternecen, nos emocionan, nos estremecen, nos hacen vibrar, porque sabemos que lo que dicen fue real. Nunca había leído un libro así y claramente ya es uno de mis favoritos y que súper recomiendo. Rayé el marcapáginas por ambos lados, anotando todo lo que llamaba mi atención -¡fueron muchas cosas! Lo más bonito es cómo las mujeres, varias ya ancianas, iban recordando y, a la vez, mostrándose cada vez más vulnerables y expuestas/indefensas en su relato frente a la entrevistadora. Desde detalles, a simple vista, tan insignificantes como el querer llevar un vestido en el Frente, hasta acontecimientos históricos como cuando la Victoria se hizo inminente en el campo de batalla, son descritos son total franqueza y sencillez que sobrecogen al lector/a.

Finalmente, un punto muy importante que destaco es el "aprender a amar después de la guerra": este punto es transversal en el discurso de las mujeres entrevistadas. El amor: el amor a la Patria, amor a la humanidad, amor fraternal, amor filial, amor familiar. “Después de haber aprendido a odiar, ahora tenían que aprender a amar”. Las mujeres se re-encontraron, algunas después de varios años, con sus familias, con sus hijos, con sus madres. Las mujeres anhelaban el fin de la guerra, imaginaban lo feliz que serían una vez acabado todo, cómo sería volver a contemplar la naturaleza, reír con las amigas, casarse, poder estudiar. Pensaron que las personas cambiarían, que aprenderían de los errores del pasado, pero la desilusión también fue enorme: “Querida mía… todo es igual que antes, las personas se odian entre ellas. Otra vez se matan unos a otros. Es lo que no acabo de entender… ¿Y quiénes son? Somos nosotros [...] Querida mía, es imposible tener un corazón para el odio y otro para el amor. El ser humano tiene un solo corazón, y yo siempre pensaba en cómo salvar el mío”. 

Este es un libro que nunca olvidaré. Uno de mis favoritos, sin duda. Un libro que debería ser leído en voz alta, compartido, discutido.