domingo, 2 de mayo de 2021

Relatos de una ciudad trizada (2017), de Francisca Márquez

Francisca Márquez comienza este libro explicando cómo es que surge su fascinación por la ciudad de Santiago. Nos cuenta que desde niña su mundo se reducía a Ñuñoa y Providencia, y a veces Santiago Centro, sin referentes que evocaran la otredad. Sin embargo, a medida que crece comienza a conocer otras comunas: primero, visitando a sus compañeros de la universidad en San Bernardo y, luego, estudiando distintos fenómenos urbanos.

Relatos de una ciudad trizada se basa en el trabajo etnográfico realizado por la académica entre los años 1995 y 2005, preguntándose por los imaginarios y formas de habitar la urbe. La pregunta principal que plantea este libro es “¿cómo es posible que, existiendo trizaduras y fronteras, la ciudad archipiélago logre mantener sus islotes reunidos?” Santiago es un enigma, pues, “fragmentada y segregada, y sin puentes evidentes entre un islote y otro, permanece y sobrevive”. A lo largo del libro, Márquez reconoce un hilo conductor: el deseo de una comunidad que se añora, pero nunca se alcanza. Santiago es una diversidad de fragmentos que intenta mantenerse como un todo. 

Francisca Márquez es una reconocida antropóloga, doctora en sociología y académica chilena.


La autora recorre Santiago desde su fundación con la llegada de los españoles y, posteriormente, el desarrollo de la Colonia, hasta llegar a los años 80, época en donde, señala, se evidencia un quiebre en el relato común de ciudad. La dictadura militar y las posteriores transformaciones económicas e institucionales trajeron profundas consecuencias para la ciudad, los movimientos sociales y los pobladores, quienes fueron relocalizados y expulsados a los extramuros. En pocos años, los “pobres” fueron reubicados en los márgenes de la ciudad, en viviendas para pobres y en comunas para pobres, marcando así el inicio de una nueva etapa en la historia y construcción de Santiago. Este hecho afectaría, sin distinción, a todos los ciudadanos: “después del 73, Santiago no vuelve a ser lo mismo, las trizaduras no solo se redibujan, sino también se profundizan”.

El tema central del libro es la segregación territorial. Francisca Márquez explica que los distintos actores tomadores de decisiones no han sido explícitos en pensar -y diseñar- Santiago desde la condición urbana de su territorio, y más bien se han obstinado en la protección y resguardo de sus pequeñas islas, lo que es evidente en las políticas y programas que buscan mejorar la calidad de vida de sus habitantes, pero sin mirar -o muy escasamente- la interacción entre los distintos fenómenos y variables. En consecuencia, la arquitectura institucional, desde la cual se abordan estos problemas públicos, cuenta con escasos mecanismos de coordinación intersectorial que permitan mirar el problema de manera integral.

Todas estas ideas se relacionan estrechamente con la noción de dignidad, tan exigida durante las manifestaciones del 2019 en el denominado estallido social. Y lo interesante es que este libro se lanza un año antes, contribuyendo a la comprensión de algunos de los orígenes de ese malestar.

Finalmente, la autora reflexiona sobre la construcción de la condición urbana, y cómo ésta exige la afirmación de la autonomía individual y su traducción en el colectivo, dentro del cual los individuos se reconocen en valores comunes y en diversas visiones de mundo: eso es la vida urbana, dice Márquez, en el sentido más profundo de la palabra. Éste es un libro que me parece muy interesante a la luz de los debates actuales sobre la ciudad y el territorio, aportando distintas reflexiones desde la antropología, la etnografía y la historia.


Portada del libro
Editorial Ocho Libros
255 páginas

jueves, 11 de marzo de 2021

Nada se opone a la noche (2011), de Delphine de Vigan

“Escribo de Lucile con mis ojos de niña que creció demasiado deprisa, escribo ese misterio que siempre fue ella para mí, a la vez tan presente y tan lejana, ella, que desde que cumplí diez años, nunca más me cogió en brazos”

Luego de haber leído, para el Club de Lectura en el que participo, Una casa llena de gente de la argentina Mariana Sández, me metí en el aclamado Nada se opone a la noche de la francesa Delphine de Vigan. Me sorprende lo parecido de ambas historias: una madre muerta y una hija que intenta reconstruir lo que fue su madre, a través del relato de sus amigxs y familiares. Pero a diferencia de la ficción lúdica y coral de Sández, lo que hace Delphine es crudo, arriesgado y profundamente real.

La historia de Delphine es una historia basada en hechos reales. Es realmente increíble cómo la autora, a partir del suicidio de su madre, Lucile -hecho que abre la novela- va reconstruyendo su vida, sumergiéndonos en la oscuridad y los secretos de su vida familiar. A partir de un minucioso trabajo detectivesco, haciendo entrevistas y buscando en cajas de recuerdos y fotografías, hilando y reconstruyendo cada relato, Delphine nos habla de su madre, una figura intensa, siempre al borde entre la autodestrucción y la esperanza. ¿Cómo es que una dulce y hermosa niña se convierte en un mujer que intenta acabar con su vida?  Tal como dice la autora: “¿Qué buscaba en el fondo, si no era acercarme al dolor de mi madre, explorar sus contornos, sus pliegues secretos, la sombra que arrastraba?”.


Delphine de Vigan (1966 - )

La forma en que la autora arma este relato es preciosa: comienza con una narración en tercera persona y de manera impecable describe la infancia de Lucile, y a medida que avanza en la línea cronológica va sumando distintas escenas y descubrimientos -ya en primera persona- que nos tienen colgando de un hilo. Estructurada en tres partes, esta es una historia intensa y dolorosa, que nos conmueve y nos hace tomar parte, comprendiendo a Lucile y las distintas decisiones que toma en su vida.

Este es el primer libro que leo de esta escritora y ahora entiendo por qué lo veía a cada rato y estaba tan de “moda”. Todo lo que leí y escuché sobre él le hace justicia. Delphine de Vigan sabe construir y dibujar personajes complejos y contradictorios, merodea por los bordes pero siempre llega al corazón de cada uno, dejándolos expuestos: podemos juzgarlos. La autora dice: “Nunca me he interesado realmente por la psicogenealogía ni por los fenómenos de repetición transmitidos de una generación a otra. Ignoro cómo se transmiten esas cosas (el incesto, los hijos muertos, el suicidio, la locura). El hecho es que atraviesan a las familias de parte a parte, como maldiciones sin piedad, dejando huellas que resisten al tiempo y a la negación”. El punto es que no podemos escapar de nuestras familias, y así lo observa Delphine en el proceso de escritura de este libro: sabía que estaba exponiéndolos, por eso también decide hablar de su Lucile, y de su proceso creativo.

El relato atraviesa distintos temas: la infancia, el abandono, la muerte, la salud mental, las relaciones familiares, y sobre todo, desde una mirada muy honesta, la relación madre-hija. Esta última, siempre quebradiza, en las fronteras de lo insoportable, pero que logra la reconciliación: “no había nada que hacer, veníamos de ahí, de esa mujer; su dolor no nos sería nunca extraño”. La autora sitúa a su madre en una historia y momento específicos, cuestiona su comportamiento, comprende sus demonios y se enfrenta a los sinsentidos de manera brillante. 

Nada se opone a la noche es una lectura imprescindible, inquietante, que atrapa desde el inicio a través de una narración viva y llena de misterios, evidenciando lo vulnerable que podemos llegar a ser.

Tremendo libro rompe-corazón. Una lectura que deja huella y que invita a mirar nuestras propias historias familiares con otra luz.


Portada del libro
Editorial Anagrama
369 páginas




martes, 23 de febrero de 2021

Una casa llena de gente (2019), de Mariana Sández

Cuando Leila Ross muere le deja a su hija, Charo, una caja con cuadernos, fotografías y una carta, con la misión de reconstruir una historia: su verdad sobre lo que ocurrió en esa casa llena de gente. Charo Almeida en la actualidad es una reconocida dramaturga -o actriz como suele autodenominarse para evitar confusiones de la gente- y, como tal, intentará seguir al pie de la letra las instrucciones de su madre, recurriendo a sus diarios, recuerdos personales y a testimonios de familiares y amigos, casi de todos quienes vivieron en el «castillito», el «sandcastle» o el «châtelet», como solían llamarle. 

Mariana Sández es una escritora argentina y nos pone a prueba como lectores activos, o cómplices, como les llamaba Cortázar. Nos pide seguir los distintos estilos narrativos con los que va jugando y dando vida a esta historia, pues solo así Charo logrará reconstruir la historia/la culpa/el secreto de Leila en el castillito. Una casa llena de gente es una novela divertidísima. A veces seria, a veces ligera, en donde cada personaje se luce por sí solo, enfatizando diversos aspectos y pliegues de la vida en el edificio y en comunidad.


Mariana Sández (Buenos Aires, 1973)


Una casa llena de gente se compone de “Cimientos”, “Andamiajes”, “Exteriores” e “Interiores”, además de “Escombros y Reconstrucción”, los nombres de los cinco capítulos del libro, que nos sumergen en los espacios privados y comunes del castillito, en la vida de sus habitantes, con sus dinámicas y conflictos. De un día a otro, cuatro familias -incluidos los Almeida, más los de al lado, los del frente y los de arriba- se ven enfrentadas a la convivencia, a encontrarse por las escaleras y pasillos, en un edificio-intento-de-clase-media-argentina, teniendo que soportar, además, su precaria construcción por donde se filtraban conversaciones, gemidos, música, taconazos y todo un vaivén de sentimientos. El libro avanza reconstruyendo la infancia de Charo, sus juegos con su amiga Vicky, hija de Gloria y Martín, recordando a la misteriosa Silvina y a Darío, su marido híbrido y ausente, y también a Camilo, el vecino soltero y divertido.

La autora arma la historia maravillosamente, develando poco a poco el misterio que la envuelve. Entregando y quitando pistas, huellas y detalles. Mariana escribe sobre los vínculos: las relaciones familiares y del vecindario, la relación con la literatura y la relación madre-hija, llevándonos a la pregunta ¿qué tan bien conocemos a nuestras madres? Los cuadernos de Leila abren una ventana llena de interrogantes con algunas respuestas que acercan a Charo a conocerla mejor. Pero también le recuerdan que Leila, además de ser su madre, fue una amiga, esposa, hija, escritora, madrastra y amante, todos importantes roles en el apasionante y escurridizo abanico que fue su personalidad. 

Y porque como dice Leila “no somos más que personajes. Un invento colectivo de nosotros mismos y de otros; un estigma moldeado entre varios, a lo largo de los años. Una colección de taras y sambenitos, reales o imaginarios, propios y ajenos. Una superposición, una fantasía, un entramado de deducciones incomprobables”. Me parece que esta frase describe el libro de manera muy concreta, y nos sitúa en la importancia de las relaciones humanas y cómo nos vamos moldeando en ellas, como en la literatura.


Portada del libro
Cía. Naviera Ilimitada Editores
257 páginas


viernes, 23 de octubre de 2020

Este libro te salvará la vida (2007), de A. M. Homes

Hay libros que llegan cuando uno los necesita. Este me agarró por sorpresa: con personajes entrañables, situaciones absurdas y un humor que no cae nunca del todo en la liviandad.  Ésta es una historia con personajes exóticos, pero al mismo tiempo adorables: Cecelia, la asistenta de la casa; Anhil, el donutero inmigrante, Cynthia, la dueña de casa superada y llorosa; Nic, el famoso vecino actor; y Lusardi, el místico médico, entre varios otros. Sobre este curioso reparto de personajes, A.M. Homes va armando la trama principal del libro: la crisis personal que atraviesa Richard, un hombre de 55 años, a quien le sobra el dinero y el tiempo, y que un día vuelve a nacer luego de un extraño dolor que siente en el cuerpo.

A.M. Homes, escritora estadounidense muy conocida por sus polémicas obras de ficción -como El fin de Alice- se inventa la vida de Richard Novack, quien lleva una existencia vacía y sin sentido, apenas manteniendo contacto con el mundo exterior, salvo por sus asistentas: la señora que hace aseo en su casa, su nutricionista y la entrenadora física. Richard sigue enamorado de su ex-esposa, apenas mantiene relación con su único hijo adolescente, Ben, y ni qué decir sobre sus padres y hermano: completos extraños, pese a la cercanía. Tal como lo expresa la voz omnisciente presente en  toda la historia: “se había vuelto estúpidamente independiente, no necesitaba ni conocía a nadie. No formaba parte de la vida de nadie. Se había liberado tan completamente del mundo de las dependencias y obligaciones que no estaba seguro de su propia existencia”. Esta soledad no es algo que le afecte, pero su despertar ocurre un día y ya no hay vuelta atrás, cuestionándose en qué clase de persona desea convertirse.

En este relato, ambientado en Los Angeles, la autora mezcla aventuras delirantes con una radiografía de una sociedad en decadencia, donde todo se compra —incluso el alma— y el vacío se maquilla con batidos detox y salud espiritual. Por eso la necesidad de un “libro amable”, como lo llama ella en una entrevista. Y, ciertamente, lo es. Este libro te salvará la vida, haciendo guiños a la cultura autoayuda y el new age hippie, se ríe de la cultura gringa, de sus miserias y sus contradicciones sociales, en donde el dinero todo lo puede comprar, y en donde los vicios modernos, como el culto al físico y la salud, se venden como rituales espirituales que te salvan la vida.

Me gusta la forma en que la autora estructura la narración: los diálogos adquieren un rol protagónico y los variados personajes toman la palabra sin dar mucho espacio a las descripciones o a la creación de capítulos; se cuenta todo hilado, de una sola vez. La historia tiene un ritmo que te atrapa. Empecé a leer y no me di ni cuenta cuando ya llevaba 70 páginas, entre risas, muecas y expresiones faciales que puede sacarte esta lectura. Y si hay algo hermoso en la literatura es la capacidad de ponerte en el plano de lo ficticio, un mundo imaginario, pero cercano. Hace algún rato que no estaba leyendo novelas, y tenía muchas ganas de una que me enganchara, así que tuve la suerte de encontrar este libro.


Amy Michael Homes (1961 - )


En fin, disfruté mucho esta lectura, sus personajes entrañables, las situaciones absurdas y el estilo comedia-burla-drama del relato. El personaje principal, Richard, puede parecer nefasto a veces, pero lo incuestionable es su autenticidad, ¿acaso uno de los más nobles atributos de una persona? Al final se da cuenta que lo importante no es el éxito, sino lo que somos y hacemos por otros. Específicamente, y parafraseando a A.M. Homes, qué tendríamos que hacer para salirnos de nosotros mismos: “
¿bailar en los pasillos del supermercado, gritar a pleno pulmón, poner en marcha un programa para ayudar a pequeños empresarios como Anhil para abrir tiendas de donuts?” 

Richard quiere ser alguien que importe. No por tener dinero, sino por haber hecho algo bueno. Y en ese gesto torpe, a veces ridículo, pero profundamente humano: “Quiero hacer esto mismo por otros, por desconocidos, no importa quiénes sean, y quiero poder hacerlo por mí mismo”. A.M. Homes nos recuerda que no es tan tarde para cambiar, aunque nos duela el cuerpo.


Portada del libro
Editorial Anagrama
392 páginas


domingo, 13 de septiembre de 2020

Space invaders (2013), de Nona Fernández

Si bien es el segundo libro que leo de Nona Fernández, ya ocupa un lugar especial en mi corazón. Me gusta cómo piensa (he visto varias entrevistas suyas), me gusta lo que cuenta y cómo lo cuenta: cómo adorna con sutileza y gracia frases simples pero poderosas. Me encanta su manera de abrir sus recuerdos y mundos interiores en letras, con un estilo tan singular como experimental.

Space invaders es una historia breve —apenas 77 páginas— pero intensa. Habla de niñas, niños y misterios. De dictadura, de escuela, de familia. Nona se enfoca en un grupo de compañeros de curso y les da voz, no solo a uno, sino a varios personajes, entretejiendo una historia donde la verdad se mezcla con lo nunca dicho, porque para los adultos todo lo importante era siempre “cosa de grandes”.

Dar voz a niñas y niños —históricamente silenciados, rezagados, incomprendidos— es un acto profundamente conmovedor. Más aún si se trata de “los sin apellido, estudiantes de un liceo de mierda, sin tradición ni vista a la cordillera; todos cabecitas negras”, tal como lo enuncia la autora. Aunque no son víctimas directas de la dictadura, están ahí, observando, recordando, soñando, intentando comprender. Como dice Gabriel Salazar en Ser niño huacho en la historia de Chile: “Pueden comprender, sin ser comprendidos”.

También me pareció muy potente cómo aparece la escuela como espacio de disciplinamiento: formarse a un brazo de distancia, llamarse por el apellido, cantar el himno, izar la bandera. Todo eso era parte de la rutina, del control, de ese nacionalismo banal. La figura del panóptico de Foucault está clarísima: la estatua de la Virgen, el inspector, el “tío Claudio” en su Chevy rojo. Todos observando. “Aquí se viene a estudiar, y no a hablar leseras”, dice un profesor. Esa frase me caló: me hizo recordar toda una época en la que la desconexión con la política era casi total.

Este libro me recordó a Los detectives salvajes, de Bolaño, por ese juego de múltiples voces contando un mismo hecho. También a Sangre en el ojo, de Lina Meruane, por esa prosa visceral que no pide permiso. Creo que la estructura fragmentaria, con cartas, recuerdos, conversaciones y sueños, logra un ritmo poético que me atrapó. La memoria aquí no es lineal ni limpia: es una mezcla de imágenes, frases que se escapan, y sensaciones que persisten.

El libro fue nominado al National Book Award en EE.UU. en la categoría de Literatura Traducida, y no me sorprende. Es una obra hermosa, precisa, cargada de memoria y estilo. Me encantó. Subrayé un montón. Me removió cosas. Me hizo pensar en mis propios recuerdos, en la escuela, en mis compañeras, en lo que nos contaron —y en lo que no.



Portada del libro

Portada del libro 
Editorial Alquimia
77 páginas


martes, 18 de agosto de 2020

¿Quién se hará cargo del hospital de ranas" (1994), de Lorrie Moore

 “En comparación con lo que encontré allí, yo me había vuelto amarga, mala, sofisticada. Ya no conocía la amabilidad, no tenía una relación cotidiana con ella. No me topaba con personas agradables. Me encontraba con personas ingeniosas, endurecidas, capaces, exitosas, dramáticas. Algunas vulnerables. Algunas inseguras. Pero no agradables, no agradables como Sils”


¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? se centra muy principalmente en la amistad adolescente de Berie y Sils, y cómo ésta se convierte en un refugio tan importante en la vida de Berie, la protagonista: “El verano de mis quince años trabajé en un lugar que se llamaba Storyland con mi amiga Silsby Chaussée, de ella se trata todo esto”. Esta historia principal se ambienta en un pequeño pueblo llamado Horsehearts, en Estados Unidos de los años setenta. Barrios tradicionales, trabajos part-time, romances intermitentes, relaciones familiares y mucha música son algunos de los elementos de esta novela que nos invita a mirar de cerca la amistad entre mujeres -tan decisiva en la construcción de nuestras identidades-, y también cómo nos vamos alejando de todo aquello que parecía tan claro. 


Berie, ya adulta, recuerda su adolescencia a través de su relación con Sils: tardes enteras entre discos, helados, música, risas y confidencias. Esta amistad luminosa contrasta con el distanciamiento emocional que mantiene con su familia, especialmente con sus padres: “Nuestros padres no sabían mucho de nosotros, creíamos, no se preocupaban mucho por hacerlo, como era frecuente en las grandes familias de aquellos tiempos. Mi padre ni siquiera podía reconocerme en un grupo, no podía encontrarme en la foto anual de toda la clase”.


Lorrie Moore (Nueva York, 1957)
Lorrie Moore (Nueva York, 1957)

 

Con canciones de Neil Young, Billie Holliday, Stills and Nash y Geordie, Moore construye el mapa emocional de una adolescencia vivida en los márgenes, con reglas propias y sueños apenas esbozados. Horsehearts aparece como el típico pueblo gringo de clase media, donde las posibilidades eran mínimas y previsibles: “Quizás en Horsehearts las únicas cosas posibles eran la postergación y la fantasía. Mi infancia no tuvo narrativa; todo era apenas una combinación de aire y falta de aire: esperar que la vida empezara, que el cuerpo creciera, que la mente se volviera temeraria”. Por eso Sils es tan importante: porque representa una forma de fuga, una presencia vital. Berie encuentra en ella la primera complicidad emocional, la primera promesa de algo distinto: “Conspiradoras. Socias emocionales. Eso es lo que éramos”.


Berie recuerda desde un presente que se siente árido, sofisticado y lleno de vínculos funcionales. Vive en una ciudad en la que la amabilidad ha sido desplazada por la autosuficiencia y el ingenio, donde los afectos parecen negociados o lejanos. Ese contraste es demoledor: la ternura espontánea de Sils, tan natural en su adolescencia, ahora parece un lujo raro, casi extinto. El recuerdo de esa amiga no solo le devuelve a su juventud, sino también a una forma de vincularse con el mundo que ya no encuentra en su entorno actual. 

Me sorprendió mucho esta novela. No conocía a Lorrie Moore (¡gracias, club de lectura!), pero me entusiasmó su capacidad para narrar la adolescencia sin nostalgia ingenua, con humor sutil y una sensibilidad filosa. Subrayé muchas frases, sobre todo por lo que revelaban de mí misma o de una yo pasada que aún vive en algún rincón.


Me gusta pensar en las novelas como un refugio, tal como lo menciona Lorrie en una entrevista, un lugar en donde podemos mirar el mundo, mirarnos a nosotros mismos y que la lectura nos provoque algo: ya sea risa, reflexión, nostalgia, querer compartirla, imaginar vidas posibles; lo que sea, pero que algo nos pase: se trata de ese click entre lector/a y escritor/a, y de descubrir una luz en donde solo hay palabras.


Portada del libro
175 páginas
Editorial Eterna Cadencia

jueves, 2 de julio de 2020

Okasan (2019), de Mori Ponsowy

“Me gustaría saber qué piensa en este momento. Qué siente. Dónde está su corazón”


Okasan es un libro muy bonito, lo disfruté mucho y me hizo ver nuevas perspectivas sobre las relaciones madre-hijos. Generalmente he leído relatos sobre la relación madre-hijxs desde la perspectiva de las hijas o hijos, pero nunca desde la mirada de una madre. ¿Qué se siente ver a los hijos partir e iniciar sus propias vidas? ¿Cómo se re-inventa una mujer, que ha sido madre, y que siente que ya no juega ese rol?

Pero llegué a Okasan -gracias al Club de Lectura en el que estoy participando-, que es una especie de diario sobre el viaje de Mori, la autora siempre en primera persona, quien visita a su hijo Mati en Japón, país que éste escoge para seguir sus estudios de pre-grado. El libro se estructura en breves capítulos a modo de diario, donde la autora relata desde el primer día su llegada a tierras niponas. Okasan es un viaje que dura 14 días y nos muestra un poco sobre la cultura oriental y sus paisajes sobrecogedores, la fabulosa mezcla entre lo moderno y lo natural, lo cual me gustó mucho porque nos hace viajar junto a ella; pero también y, sobre todo, este libro nos habla de la experiencia de visitar a un hijo que crece y nos comparte las reflexiones y deseos entrampados de una madre que sufre, pero, al mismo tiempo, abraza su nuevo camino.

En este viaje, Mori nos abre su corazón, mostrándose frágil y vulnerable, aunque ante su hijo prefiere mostrarse políticamente correcta: una madre que entiende el camino hacia la adultez que éste va iniciando y, racionalmente, toma distancia, aunque le duele: “Me gustaría hablar con él más seguido”, “Tengo miedo, pero no sé a qué exactamente. Quisiera tomarle la mano pero no me atrevo”. Qué increíble pensar lo que algunas madres pueden sentir al vernos crecer y emprender una vida propia, un camino fuera de casa y sus reglas, totalmente fuera de su alcance. Su hijo crece, se hace adulto, se mueve por ciudades y pueblos lejanos con total seguridad; ella, en cambio, desconoce el idioma y se mueve torpemente, con estupor, y no entiende nada. De pronto, Mati es el adulto de la relación, le da órdenes, consejos y sigue su camino. 

Mori Ponsowy

La autora expone sus sentimientos con mucha delicadeza, no intenta ser neutra, ni tampoco lo consigue; el escenario cambió y entiende que ella debe cambiar también. Un nuevo rol le espera: “Tal vez estoy tratando de encontrarme en esta nueva mujer que, aunque tiene un hijo, ha dejado atrás su rol de madre. No soy del todo segura de quién soy, ahora. Tampoco sé con claridad hacia dónde voy, ni cuáles son las razones para seguir”. Siempre he pensado en aquellas mujeres que dedican toda su vida y energías a ser madres, digo, a ser en su opinión “madres perfectas 24/7”. Pero qué ocurre cuando los hijxs ya no las necesitan como antes, ¿en qué se transforma toda esa energía y ese amor? 

Okasan me pareció un libro bellísimo. Me encanta utilizar este adjetivo cuando algo me eriza la piel (es como: leí tal párrafo y ¿qué pasó? La belleza). La forma en que la autora se hace cargo de sus actos y la forma en que enfrenta su nuevo papel es sincera y apabullante. Mori reconoce en su hijo una persona singular, única, y ya no más una extensión de sí misma; reconoce “la vida que se está inventando, tan distinta, tan lejos de todo lo que conoció”, porque ahora es una madre que sabe que ya no puede cuidar o ayudar a este hijo que una vez fue suyo, y ahora es del mundo, como lo dice en algún capítulo. “Miro a mi hijo y veo a un joven que inventa su propia vida. Que se inventa a sí mismo. Saca de sí lo que no quiere y da forma y pule lo que le parece valioso”. 

Okasan es, en el fondo, una carta de despedida y bienvenida: a un hijo que deja de ser niño, y a una madre que aprende a habitar su propia adultez. Un libro breve, tierno y necesario para todos quienes alguna vez amaron a alguien que se les fue. Gracias, Mori, por construir este hermoso relato que me deja tanto en qué pensar.

Portada del libro
Reservoir Books
140 páginas