miércoles, 27 de junio de 2018

La guerra no tiene rostro de mujer (2015), de Svetlana Alexievich

¿Cómo un libro puede ser tan lindo, crudo, nostálgico y valiente, a la vez? En primer lugar, y ante todo, destaco mi experiencia personal: AMÉ este libro, mi corazón no pudo más de emoción. No es un novela, no son cuentos, no son poemas. Son testimonios reales, de cientos de mujeres de las antiguas repúblicas socialistas soviéticas que lucharon durante la Segunda Guerra Mundial defendiendo lo que para ellas era lo más importante: su Patria. Son mujeres -ex francotiradoras, conductoras de tanques, miembros de agrupaciones clandestinas, partisanas, enfermeras, cocineras- que sobrevivieron a la invasión, ocupación y guerra contra el fascismo entre los años 1941 y 1945. Lo que hace Svetlana es revelar los más profundos sentimientos de estas mujeres: “No escribo sobre la guerra, sino sobre el ser humano en la guerra. No escribo la historia de la guerra, sino la historia de los sentimientos. Soy historiadora del alma”.


Svetlana Alexievich, periodista y escritora bielorrusa, lo dice “recordar es, sobre todo, un acto creativo”, y tal como lo enuncia el sociólogo francés Maurice Halbwachs, recordamos lo que queremos recordar,  esto es, nuestra memoria selecciona sus propios recuerdos. De este modo, las mujeres iban seleccionando sus  palabras, las cuales iban relatando a la escritora desde la comodidad de una cita en sus casas, con un café o galletitas recién horneadas, porque recordar también trae al presente los fantasma del pasado: “Todo alrededor es corriente, excepto su memoria”. Lo hermosamente político de esta obra es que la autora trabajó durante años, escuchando a cientos de mujeres, viajando por más de 200 localidades diferentes, recopilando material, historias y anécdotas en primera persona, para dar voz a quienes no la tuvieron, a quienes se la robaron. Las mujeres recuerdan el pasado con todo su cuerpo: con su mente, con su llanto y su asombro, pero también recuerdan a través de las expresiones de sus ojos y sus manos... La autora lamenta no poder “grabar” esos momentos. Hablar en nombre de quienes han sido silenciadas por más de 60 años es un acto político en sí mismo, y lo valoro enormemente. Porque el papel de un escritor/a, a mi juicio, no consiste solamente en escribir historias, se trata también de pensar qué querer transmitir con esa historia, a qué tipo de sociedad estoy contribuyendo. Veo al escritor/a como un actor clave en la historia, una voz de muchas otras voces.

El trabajo de Alexiévich es un fino trabajo periodístico. Las entrevistas efectuadas lograron explorar las capas más oscuras de la vida humana, ahondando en deseos frustrados, amores y otros temas, que pocos géneros son capaces de llevarlo a la luz, como es el caso de la poesía, por ejemplo. Pero al mismo tiempo, es un trabajo que bien podría catalogarse de antropológico o de la sociología de la memoria, pues, se unifican relatos sobre el contexto o escenario en donde estas mujeres eran las sujetos protagonistas. Vestimentas, formas de relacionarse, rituales, se describen con tal detallismo que nos permiten entrar directamente en la Guerra.

El libro tiene 17 capítulo, y en cada uno de ellos, Svetlana realiza una pequeña introducción para luego dar paso a sus protagonistas, quienes se toman literalmente la obra. La voz de la autora se puede apreciar en escasas intervenciones, pues, lo que ella intenta es ceder su espacio a las mujeres que se auto-retratan sin parar a lo largo de las páginas.}

La escritora

Las mujeres, actores sociales históricamente sometidas, humilladas, silenciadas, cobran protagonismo en este libro. Las mujeres estaban allí, en el Frente, curando heridas, conduciendo trenes y tanques, sin embargo, la Historia oficial las ocultó, no las quiso escuchar; la Historia las hizo desaparecer y, a su vez, ellas quisieron olvidar. Lo que hace Svetlana es contar la Guerra desde la perspectiva de los “otros”, en este gran collage de relatos hablan las mujeres, porque, concuerdo con la autora, los relatos de mujeres sí son diferentes, ellas/nosotras hablan/hablamos de otras cosas, otros colores, otros olores, otros espacios. En estos relatos no hay grandes héroes o heroínas, sino seres humanos que sufren en conjunto con la naturaleza, los animales y los árboles. Y es que todo lo que sabemos de las guerras, nos fue transmitido por hombres, contado y respaldado por hombres: “Y los libros que hablan de las guerras son incontables. Sin embargo… siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres, eso lo veo enseguida. Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la “voz masculina”. Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones “masculinas”. De las palabras “masculinas”. Las mujeres mientras tanto guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado nada a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre. Guardan silencio incluso las que estuvieron en la guerra. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra “femenina”, sino la “masculina”. Se adaptan al canon, escribe la autora.

Varias veces, los relatos de esas mujeres me dejaron pensando: la familia, el odio, la guerra, el dolor, la fraternidad, la venganza y el amor, siempre el amor. Los relatos de estas mujeres, nos enternecen, nos emocionan, nos estremecen, nos hacen vibrar, porque sabemos que lo dicen fue real. Nunca había leído un libro así y claramente ya es uno de mis favoritos y que súper recomiendo. Rallé el marcapáginas por ambos lados, anotando todo lo que llamaba mi atención -¡fueron muchas cosas! Lo más bonito es cómo las mujeres, varias ya ancianas, iban recordando y, a la vez, mostrándose cada vez más vulnerables y expuestas/indefensas en su relato frente a la entrevistadora. Desde detalles, a simple vista, tan insignificantes como el querer llevar un vestido en el Frente, hasta acontecimientos históricos como cuando la Victoria se hizo inminente en el campo de batalla, son descritos son total franqueza y sencillez que sobrecogen al lector/a -en este caso, a mí.

Finalmente, un punto muy importante que destaco es el "aprender a amar después de la guerra": Este punto es transversal al discurso de las mujeres entrevistadas. El amor: el amor a la Patria, amor a la humanidad, amor fraternal, amor filial, amor familiar. “Después de haber aprendido a odiar, ahora tenían que aprender a amar”. Las mujeres se re-encontraron, algunas después de varios años, con sus familias, sus hijos, sus madres. Las mujeres anhelaban el fin de la guerra, imaginaban lo feliz que serían una vez acabado todo, cómo sería volver a contemplar la naturaleza, reír con las amigas, casarse, poder estudiar. Pensaron que las personas cambiarían, que aprenderían de los errores del pasado, pero la desilusión también fue enorme: “Querida mía… todo es igual que antes, las personas se odian entre ellas. Otra vez se matan unos a otros. Es lo que no acabo de entender… ¿Y quiénes son? Somos nosotros [...] Querida mía, es imposible tener un corazón para el odio y otro para el amor. El ser humano tiene un solo corazón, y yo siempre pensaba en cómo salvar el mío”. De este modo, se vuelve al amor como el eje central de la existencia humana.



sábado, 26 de mayo de 2018

Biografía del hambre (2006), de Amélie Nothomb

Conocí a Amélie Nothomb en idas y venidas a librerías, y porque mi amiga Marine, precisamente belga, me la recomendó también, pero otro libro que lamentablemente no encontré esa vez: Metafísica de los tubos (Ahora ya lo tengo, jeje). Es bacán poder decir que este libro lo pedí en la Biblioteca de Santiago; me hice socia y existen miles y miles de libros hermosos, completamente gratis, a los que puedes acceder. Puedes ir y estar toda una mañana leyendo y buscando nuevos títulos. ¡Estoy tan feliz!

La autora: Amélie, escritora y poeta belga, mujer extravagante, excesiva, para algunxs quizás. Es interesante ver que casi todos sus libros en la Editorial Anagrama traen en su portada fotografías personales de la escritora: muchas son retratos de ella en diferentes poses, hay fotos de adulta y otras de su niñez también. ¿Egocentrismo? ¡Me encanta! Mucha gente la ama; es una autora de culto, y para bien o para mal, mucha gente está hablando de ella. En internet puedes encontrar distintas opiniones sobre su obra, sin embargo, todxs concuerdan en lo especial y único de su escritura: su autenticidad.

Biografía del hambre es, ciertamente, una de sus obras más renombradas. Habla de sus problemas y laberintos internos durante su niñez; es un libro fugaz, pero intenso que se lee rápidamente. No sigue una trama específica, se trata más bien de una novela  autobiográfica. Lo interesante es cómo de un tema aparentemente normal y cotidiano, la autora va elaborando atractivas historias. Elocuentes, pero a su vez muy pausadas.

Amélie nos cuenta de manera irónica algunos hechos trágicos: su anorexia adolescente, su vida nómade circulando por varios países debido al trabajo de su padre, su infancia solitaria, sus miedos y frustraciones. A lo largo de las páginas Amélie nos va contando ideas sueltas, recuerdos fugaces y experiencias vividas, pero siempre volviendo a ellas a través de la memoria de una niña pequeña. Este tipo de narración, ingenua y, al mismo tiempo, audaz, resulta muy atractiva, pues, su torbellino de ideas -no tan hiladas- toman vida y una va leyendo rápidamente el libro, casi sin parar, pues, cada capítulo trae ideas frescas, que puedes retomar una y otra vez.

Amélie

Amélie nos habla del hambre, pero no solo de alimentos y sed de agua, sino el hambre como curiosidad y vocación. La autora nos  va contando sus variados apetitos: el chocolate, ser el centro de atención del universo, su hermana Juliette, su precoz alcoholismo, su hambre de amores, de lectura y escritura; en definitiva, el hambre como búsqueda insaciable, lo que puede leerse como el no-conformismo. Tal como lo enuncia categóricamente la autora: “Conviene precisar, además, que mi hambre debe entenderse en su sentido más amplio: si sólo se hubiera tratado de hambre de alimentos no habría sido tan grave. ¿Pero existe eso de tener sólo hambre de alimentos? Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo”. Interesante la lectura que se hace de lo anterior, sin embargo, pienso que faltó desarrollar más este aspecto, que, de todos modos, está implícito en el resto del libro. La autora también nos habla de lo sublime y lo bello, el “hambre de belleza”, especialmente en los libros. La escritura y los libros. Me encanta cómo la autora describe ese encuentro con la belleza; me identifica totalmente cuando lo veo enfrente mío también: “a la vuelta de una frase que no aportaba demasiadas informaciones suplementarias, se produjo un fenómeno increíble: un influjo recorrió mi columna vertebral, mi piel se estremeció, y pese a la temperatura ambiental de treinta y ocho grados, se me puso la carne de gallina [...] Acabé por averiguarlo. Aquella frase era hermosa: lo que había ocurrido era la belleza”. ¿Les pasa lo mismo cuando leen algo bello, o escuchan una frase hermosa? A mí, mucho.


Distintos temas me gustaron y llamaron mi atención a lo largo del libro. Sobre la infancia, desde muy niña, Amelie se autoproclama Dios. La autora siempre se sintió por sobre el resto de sus compañeritxs de escuela: más lista y más atrevida. Desde chica se sintió diferente, una niña protagónica en diversos aspectos, dueña de su historia y destino, como al menos a ella le gustaba creer en ese entonces. En Nueva York, en donde fue la reina de su clase, todxs le admiraban. Y es que la infancia, en general, trata precisamente sobre unx mismo, ¿no? Un niño o niña sintiendo miedo, alegrías, confusiones. Amélie retrata la infancia como el más puro y sublime egocentrismo, y esa capacidad para describir hechos y sentimientos sobre su propia infancia es un tópico frecuente en la obra de esta belga.

La autora también comparte su experiencia de ser hija de padres diplomáticos, lo cual lleva a la familia Nothomb a vivir en diversos países: Japón, Estados Unidos, China y Bangladesh, entre otros. Lugares que la autora va recordando, oliendo y sintiendo con cada letra. Sus favoritos, claramente: Japón y la ciudad de Nueva York, en donde pasó su primera infancia y luego su niñez. Japón y Nueva York aparecen como los escenarios en donde la autora fue conociéndose y explorando el mundo -su mundo. Posteriormente, se trasladan a otros países asiáticos -obvio que no Japón occidentalizado- que son descritos con total extravagancia, fuera de lo políticamente correcto, tal como quizás lo pensó cuando era una pre-adolescente, sin tapujos ni pelos en la lengua: “Pekín era lo que la ciudad ha inventado de más feo, lo más parecido a un campo de concentración en materia de hormigón”. Su desfachatez es algo que sus seguidores le reconocen como positivo, quienes alaban la mezcla de ironía e inocencia en su narrar. La autora, en su corazón, siempre se sintió nipona: “Una chiquilla belga llorando a causa del recuerdo del país del Sol Naciente merece la nacionalidad japonesa por partida doble”. Amelie reflexiona sobre lo difícil que es sentirse extranjera en el propio lugar de origen “Tenía razón: suya era la ciudad gigante. Los lugares de nacimiento son absurdos: no podía haber nacido en un pueblucho de los cantones del Este, cuando ella tenía la altura y la elegancia del Chrysler Building”.

Es un libro, que para ser el primero que leo de ella, me gustó harto. Ahora que escribo estas letras viene a mi mente la sentencia de Amélie:  “El hambriento es un ser que busca”, entonces, sí, ¡Yo soy una hambrienta!

Portada el libro Editorial Anagrama Pgs.: 206


sábado, 28 de abril de 2018

La historia del amor (2005), de Nicole Krauss

En La historia del amor varias historias, con origen en la memoria del Holocausto, terminan cruzándose de manera inesperada. ¿Qué tienen en común una inquieta adolescente, un viejo obsesionado con la muerte y un antiguo escritor migrante? A simple vista nada. Sin embargo, la autora va mezclando estas historias hasta lograr impresionarnos por sus similitudes, y siempre el amor: a la vida, a la familia, a la literatura, a la juventud. 

La historia del amor es un libro que mezcla personajes e historias aparentemente desconectadas en un ir y venir de sentimientos, convergiendo todos en una misma trama. Es un libro que nos habla de la fragilidad humana, los lazos afectivos y las ganas de vivir. Son dos los personajes principales que logran dar un vuelco a la historia. Por un lado, está Leo Gursky, anciano judío que arranca de su Polonia natal durante la Segunda Guerra, quien narra en primera persona sus últimos meses en su solitario departamento en Manhattan, y cómo va recordando su alejada juventud y pasiones. Y, por otro lado, está la joven Alma, intrépida quinceañera quien sueña con encontrar un novio para su madre viuda y así sacarla de su soledad. Y a veces aparece el relato de Zivi Litvinoff, antiguo amigo de juventud de Leo, quien saca a la luz La historia del amor, manuscrito que aparece en el libro como tal -un libro dentro de otro libro. Es interesante ver cómo La historia del amor es en verdad el título del libro que escribe Leo a propósito de un viejo amor.


Nicole Krauss en nueva York.

En el libro aparecen también un montón de personajes: Bruno, Julián, Bird, Isaac Moritz, Rosa y Alma Mereminski el amor juvenil de Leo. La muerte, el amor, la soledad y la amistad aparecen como los tópicos recurrentes a lo largo de las páginas, en donde los diferentes personajes van dando vida a la historia. Llama la atención la ternura con la que Leo nos habla de Bruno, su fiel y eterno amigo. La amistad entre estos personajes rebosa emoción, quienes se cuidan, aconsejan y acompañan en la vejez, “Bruno, mi fiel camarada. no lo he descrito lo suficiente. ¿Bastaría con decir que es indescriptible? No. Vale más probar y fracasar que no intentarlo. Tu pelito blanco se agita levemente en tu cráneo como pelusa de un diente de león mal soplado. Muchas veces, Bruno, me han dado ganas de soplarte en la cabeza y pedirte un deseo. O quizá debería empezar por tu estatura, tan escasa. En tus días buenos, como mucho, me llegas al hombro. O por esas gafas que sacaste de una caja diciendo que eran tuyas, unas cosas redondas, enormes, que te agrandan tanto los ojos [...] ¡Son gafas de mujer, Bruno! He intentado decírtelo muchas veces, pero siempre me ha faltado valor”.

La soledad vivida por Leo y por Alma conmueven por igual, pese a que uno, viejo, y la otra, joven, la vivan de diferentes maneras. La soledad de Leo está en todos lados, la vive y la respira día a día, esperando la hora de su muerte, pero esperando que todos se enteren. Mientras que la soledad de Alma se reinventa, busca compañía pero sin éxito, escondiéndose en sus libros e ideas locas. Ambos personajes viven una constante búsqueda de algo que los salve: “Perdí a Hershel por la lluvia. Perdí a Josef por una grieta del tiempo. Perdí el sonido de la risa. Perdí unos zapatos que me quité para dormir… Perdí a la única mujer que había amado en la vida. Perdí años. Perdí libros.. Así pues, ¿quién me asegura que, por el camino, sin darme cuenta, no he perdido también la razón?"

Me gustó mucho la ingeniosa forma de narrar la historia, Nicole Krauss da vida a una diversidad de voces, de hecho, cada capítulo es narrado por un personaje diferente. Lo interesante es que en cada capítulo se nota la voz protagónica, marcadamente distinta. La voz de Leo es divertida y elocuente, la de Alma es intrépida e inquieta, mientras que la voz omnisciente toma la distancia correspondiente de la narración y nos envuelve en ella de manera más descriptiva, sintética. Me gustó muy especialmente la narración del viejo Leo, pues, a mi modo de ver es el personaje que da vida y gracias a toda la novela, con sus ocurrencias, anécdotas y formas de pensar. Esta construcción de la novela ha sido muy alabada por la crítica, pues, nos puede sumergir en un amplio abanico de recuerdos, personajes y emociones. 

Esta es la segunda novela de esta escritora neoyorquina, elogiada unánimemente por esta obra. El año de su publicación, el 2005, la crítica literaria la posiciona como una de las grandes autoras contemporáneas. Es así que muchos elogios leí por internet y varias veces vi su nombre en librerías o páginas de libros, así que me decidí a tenerlo. Sin embargo, debo decir que no lo quise para mí, sino para mi mamá, a quien se lo regalé en una ocasión. Ella comenzó a leerlo, pero al parecer -jeje- la lectura no fue de su gusto. Y es que, claro, los libros no son para todxs: cada uno tiene su tiempo y lector. Y este libro, por la forma en que está narrado, puede no gustar a todxs. Reconozco que en un comienzo la lectura se me hizo difícil, no engaché de inmediato y varias veces lo dejé tirado, pero pronto agarré el vuelo y me vi envuelta entre páginas y páginas frente al rico mar caribeño colombiano. De todos modos, no entra ni de cerca en la categoría de mis libros favoritos. Si no fuera porque lo escribo en esta humilde reseña -y esa es la gracia-, sería un libro que fácilmente olvidaría.


Portada del libro
Pgs: 287
Editorial Salamandra



domingo, 11 de febrero de 2018

Qué vergüenza (2015), de Paulina Flores


Desde su lanzamiento, “Qué vergüenza” ha sido unánimemente aclamado por la crítica nacional, siendo su autora, Paulina Flores, catalogada como una de las jóvenes promesas de la literatura latinoamericana contemporánea. Distinción que hizo que la editorial barcelonesa Seix Barral pusiera sus ojos en ella y así publicar esta obra en España y otros países como México, Colombia y Argentina. Paulina Flores estudió Literatura en la Universidad de Chile, pero en varias entrevistas señala que su decisión de entrar a estudiar esta carrera fue más bien al azar, pues, nunca fue una asidua lectora, ni tampoco su familia. Más mérito, entonces. Paulina es una escritora que observa, que anota, que trabaja y que construye historias increíbles como los cuentos “Qué vergüenza”, “Espíritu americano”, “Tía Nana” y “Últimas vacaciones”, al menos mis favoritos de este libro.

El relato de Paulina me gustó mucho. En general, no me gustan mucho los cuentos. Tengo varios libros de cuentos en casa sin leer, porque prefiero enganchar con historias más largas. Pero esta vez me pasó algo diferente: desde el primer cuento, que da nombre al libro, “Qué vergüenza”, quedé entusiasmada con la forma de escribir la historia: personajes entretenidos, un rollo contundente, un final inesperado. Estos elementos me animaron a seguir, y así, hasta que pude leer los nueve relatos, de los cuales me gustó la mayoría. Llegué a este libro por la página BuscaLibre, apareció en oferta y hace rato lo venía escuchando, así que lo compré.

La talentosa Paulina

Respecto a la narración, en el libro hay varios cuentos que son narrados en primera persona, y cada una de esas voces logra destacar como una distinta, es decir, en cada una de ellas se nota la unicidad del/de la protagonista: completamente identificable, ya sea en su tono, sus acciones o pensamientos. Por otro lado, los cuentos narrados en tercera persona se centran en un solo personaje principal, que es como si éste lo fuese relatando. Eso sí: todxs son personajes corrientes, habitantes y vecinxs de Independencia, Talcahuano y Quilicura –un “Chile real”, podrían decir algunxs. Son personajes que nos muestran hechos cotidianos, pero relevantes: un padre sin trabajo que ve cómo su masculinidad es cuestionada por su familia, niñxs que crecen y comienzan a comprender las “cosas de grandes”, una joven trabajadora explotada en un local de comida rápida, una veinteañera que regresa al hogar materno luego de una ruptura amorosa, o adolescentes de provincia que sueñan con ser estrellas de rock... En todxs ellxs aparece la soledad, pero también la familia: una madre, una tía, una prima, un padre, un hijx… Son historias en donde las generaciones se entrecruzan constantemente para recordarnos que al final, al parecer, eso es lo único que tenemos, o nos queda...

En el libro hay encuentros y desencuentros, desilusiones y momentos de inflexión entre la inocencia y la vida adulta. ¿Cómo nos hacemos cargo de nuestras emociones, de nuestras responsabilidades y vivencias? Paulina remata sus finales siempre con una pregunta disimulada. Son finales inesperados, o que nos dejan pensando, ¿cómo actuaríamos nosotrxs?, ¿qué tan honestxs somos hacia nosotros mismxs? Los secretos que cada persona puede guardar son ilimitados, insospechados, siempre moviéndose entre la humillación y la sorpresa, tal como señala la protagonista en “Espíritu americano”: “Me sorprendí, me dio rabia y me entristeció, pero dejé que me tomara la mano. Y lo hice por la propina, porque era gringo y los gringos siempre dejaban buenas propinas y porque supuse, en ese breve instante, que si me mostraba molesta no sería así. Así que dejé que un anciano me tomara la mano, por dinero. Puede parecer ridículo, pero nunca se lo he contado a nadie [...] Lo que haces es engañarte. Engañarte muy bien, tan bien que terminas por olvidarlo”.

Algo que me gustó mucho –y aquí viene mi lado sociológico- es que Paulina no intenta embellecer la realidad que narra. Más bien al contrario. Nos habla de derrotas y desilusiones, pero también de orgullo y fortaleza. Nos habla de familias chilenas de clases medias, aquel segmento heterogéneo en donde todxs tienen cabida, en donde la meritocracia, el arribismo, el esfuerzo y la frustración se llevan en la cultura. Paulina refleja todo lo anterior de manera pulcra y sincera, sin caer en estereotipos o personajes estándar, en donde podemos reconocer-nos: “Vivíamos en una de las poblaciones más pobres de una de las ciudades más feas del país: la Santa Julia, en Talcahuano [...] Pero a nosotros no nos molestaba vivir en un lugar que la gente consideraba feo, todo lo contrario, al menos yo me sentía extrañamente orgulloso”. Las variadas clases medias –nunca una sola– narradas por la escritora son aquellas que se tambalean, aquellas que nunca pueden descansar; de madres y padres cansadxs, que viven en blocks o viviendas sociales o que no tienen trabajo, y con ello tampoco un destino claro. Se trata también de un segmento en donde a veces incluso los hijxs se avergüenzan de sus padres y sus orígenes; es la identidad continuamente construyéndose/decostruyéndose: “Quise mirarla también, pero la única imagen que se me vino a la cabeza fue la de mi mamá. La de mi verdadera mamá, mi mamá fea”.

Sin embargo, en el relato de la autora no hay resentimientos ni crítica social; sus personajes son seres reales que habitan y deambulan por las poblaciones y villas. Son sujetos contemporáneos, frecuentes y habituales que sienten miedo, amor, y que añoran una vida mejor, en donde cada pequeño detalle puede ser muy importante/determinante. Los relatos son muy íntimos, a veces alegres, a veces triste, y esa nostalgia es precisamente lo que más me conmovió, como la amargura resignada que señala un joven al mirar su pasado familiar: “Mi madre se había ido, me había dejado solo en la casa, echado a mi suerte junto a un hombre moribundo. Todos lo sabían menos yo. Hasta mi hermana chica lo sabía, y había intentado advertirme, pero yo no la escuché”. En "Qué vergüenza" al parecer no hay finales felices. Un poco, para algunxs, la vida misma, ¿no?


Portada del libro
224 páginas
Editorial: Hueders


domingo, 21 de enero de 2018

La flor púrpura (2004), de Chimamanda Adichie

Una historia familiar llena de desafíos, crecimiento y anhelos. Una historia familiar que te atrapa y conmueve. La flor púrpura es el primer libro de la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, reconocida por su célebre charla TED “We should all be feminist”. Este libro fue un regalo navideño de mi hermana, quien sin querer supo que quería comenzar a leerla. Me llegó de sorpresa y fue el mejor regalo de la Navidad.

La flor púrpura es un relato bien armado, con exquisitos detalles y personajes con marcadas personalidades, muy cercanos y comprensibles. Son seres que sufren, que aprenden, que gozan. Nunca había leído a algún autor africanx, por tanto, este libro me permitió conocer un poco más sobre Nigeria, su cultura y sus costumbres. Me gusta la forma en que Kambili -narradora protagonista- cuenta la historia, y su evolución en su narración: como una niña embobada por la poderosa figura de su padre hasta ser una joven con ideas más o menos propias, todo ello en una constante búsqueda interior, cuestionando los moldes y esquemas familiares, ya impregnados en su ser.  El libro se estructura en cuatro capítulos: “Domingo de Ramos”, “Antes del domingo de Ramos”, “Después del domingo de Ramos” y “El presente”, siendo el segundo ampliamente más largo que el resto, pues, allí la autora nos introduce de lleno en las vidas y aventuras de los personajes principales. .

Kambili es la narradora en primera persona singular. Ella nos conduce por la historia familiar a través de un relato dulce e ingenuo: nos cuenta sobre su temerosa madre, su valiente hermano, Jaja -también adolescente-, y su estricto padre, Eugene; nos cuenta sobre sus vidas llenas de lujos y comodidades, pero también sobre las estrictas reglas que les impone su padre. La historia de Kambili es la historia de una familia que  lentamente se rompe por dentro.


Chimamanda <3


A través del relato, Kambili va desarrollando la compleja personalidad de su padre, a quien teme profundamente, pero ama de manera incondicional: Eugene es hombre autoritario, fervoroso seguidor de las reglas, importante miembro de la iglesia católica, quien, además de ser un poderoso empresario, comparte su fortuna con quienes más lo necesitan. Eugene, castigador y violento con su propia familia, de quienes espera la implacabilidad, es capaz de todo para mantenerlos bajo control, siempre aduciendo a la religiosidad y a Dios: “Esto es lo que a uno le ocurre cuando camina hacia el pecado. Se quema los pies”... Ya en las primeras páginas se nos muestra a este padre agresivo, quien violenta fuertemente a su hijo por no comulgar en la misa “Todo empezó a desmoronarse en casa cuando mi hermano Jaja, no fue a comulgar y padre lanzó su pesado misal al aire y rompió las figuritas de la estantería. Acabábamos de regresar de la iglesia”. Ese día, el domingo de Ramos, el día en que la familia se desmorona, comienza la narración de Kambili, sin embargo, sus recuerdos comienzan en Nsukka, antes del domingo de Ramos, en casa de su tía Ifeoma.

Así es como pronto irrumpe en la escena el personaje más colorido y llamativo de la trama: Ifeoma, hermana de Eugene, viuda y madre de tres hijxs: Amaka, Obiora y Chima. Ifeoma una mujer alegre, independiente, profesora universitaria, muy segura de sí misma, y feminista, aun sin nombrarse como tal. Estas características llamaban profundamente la atención de Jaja y Kambili, quienes observaban cómo Ifeoma bromeaba a Eugene, de tú a tú, sin miedos, tratándolo como  a alguien común y corriente, y no como a alguien de respeto, lo que en un principio causó profunda incomodidad y disgusto en Kambili, quien no puede desprenderse aún de su estricta formación. En casa de Ifeoma suceden diversas situaciones nunca antes vividas por los hermanos: por primera vez escuchan música africana como la de Fela Kuti, conversan en la mesa mientras cenan, cantan en igbo -lengua nativa- durante las misas, se hacen amigxs de un joven y progresista sacerdote y, por sobre todo, aprenden a reír a carcajadas: “Me eché a reír. Mi propia risa me resultaba extraña, como si estuviera escuchando una grabación en la que se reía un extraño. No estaba segura de haber oído alguna vez mi propia risa” señala Kambili.

Los pocos días en casa de Ifeoma son suficientes para comprender la distancia abismal entre las familias, en las formas de entregar amor y servir al catolicismo: “Entonces me di cuenta de que eso era precisamente lo que tía Ifeoma hacía con mis primos: les levantaba el listón cada vez un poco más al hablarles de la forma en que lo hacía, al aumentar sus expectativas en lo que esperaba de ellos, siempre con la convicción de que lograrían sobrepasarlo; y ellos lo hacían. Para Jaja y para mí las cosas eran diferentes: saltábamos el listón, pero no porque creyéramos que éramos capaces de lograrlo, sino porque nos aterrorizaba el no serlo”. El relato de la joven permite comprender su crecimiento y autodescubrimiento. En este viaje, en donde conocen de manera íntima a sus primxs y tía, los hermanos comienzan a entender que existe todo un mundo fuera de su protegido hogar, lejos de la figura de su padre. Nuevas costumbres, ideas, modales y comidas son experimentadas y, al mismo tiempo, lentamente las  estructuras autoritarias que sustentan a la familia comienzan a fragmentarse. De este modo, después de una días en Nsukka, ya nada puede ser lo mismo al regresar a casa.

Es súper interesante el relato que plantea la autora. Nos habla un poco sobre África, aquel lejano continente que se nos pinta como la otredad, tan disímil a lo nuestro. La autora, a través de Kambili, nos cuenta sobre Nigeria y el colonialismo aún imperante en aquella sociedad. ¡Me encantó este libro! Está hermosamente escrito, cada detalle cuidadosamente narrado, en donde la lectura fluye sin cesar. Kambili es la protagonista del relato, pero me parece que todos los personajes son igualmente importantes: Eugene, quien marca la pauta del orden, el padre Amadi, quien les enseña sobre un catolicismo abierto al pueblo nigeriano,  la tía Ifeoma y sus hijxs, quienes enseñan a sus primxs la existencia de otras formas de hacer las cosas. Cada uno de ellxs aparece de manera contundente, cada uno con su cuento aparte. El relato de Kambili, ciertamente, es sobrecogedor. A lo largo de la historia hay ingenuidad y alegrías que denotan, al mismo tiempo, sufrimiento: “en el rostro de Jaja se dibujó una sonrisa tan amplia que me permitió descubrir unos hoyuelos en sus mejillas que nunca antes había visto”.

Chimamanda Adichie, mujer negra, africana, contadora de historias, activista feminista, fanática de la moda, los colores  y el arte, amiga de Beyonce.. me declaro su fan.

Recomendadísimo, por mí.


 
Portada del libro
301 páginas
Editorial: Random House

viernes, 15 de diciembre de 2017

De vidas ajenas (2009), de Emmanuel Carrère

Las primeras obras de Carrère fueron novelas. Sí, Carrère era un novelista de cierto prestigio y reconocimiento. No obstante, luego de haber escrito El Adversario, en el 2000, (reseña que ya subí) su obra literaria dio un sorprendente giro: se alejó de la ficción literaria para abrirse paso a las historias que oscilan entre la investigación y la memoria personal. Este giro le valió el elogio de la crítica y gran popularidad, lo que, a su vez, le acercaba a los pasos del gran Truman Capote, gran referente de la novela de no-ficción. Es así como publica el 2008 Una novela rusa (ya quiero leerla!!), un libro que habla del pasado de su familia materna, hasta continuar con De vidas ajenas, el 2009, el hermoso libro que habla sobre el duelo, la enfermedad y el amor; siempre el amor.

De vidas ajenas como no-novela -o mémoires, como le llaman algunxs- es un precioso mosaico perfectamente armado por el autor, quien se esmera en ordenar los fragmentos de historias, personajes, fechas y sentimientos que habitan en su memoria. Entonces, Carrère no sólo cuenta una historia, sino que, también, comparte la reflexión del proceso de contarla. De vidas ajenas es un relato sobre la vida de otras personas, lo que convierte a Carrère en un testigo, una voz narradora de los hechos. En diversas páginas nos cuenta cómo es que comienza la idea de escribir sobre las vidas ajenas, explicando que, antes de llevar la obra a su editor, muestra el borrador a los verdaderos protagonistas de la historia, con el propósito de ser franco y honesto con ellos: “Me sentía como un retratista que, al mostrarle el lienzo, confía en que el modelo estará contento, y los dos lo estuvieron”. El libro es finalmente el lienzo de Juliette, de Étienne y de Patrice, marido de Juliette; retrato que ésto dos últimos pintaron con palabras a Emmanuel Carrère.

Son dos principales historias las que nos cuenta el escritor. Por un lado está el tsunami que lo pilló a él y su familia de vacaciones en Sri Lanka el año 2004, y la posterior enfermedad de su cuñada Juliette, hermana de su pareja. En ambas historias la muerte toma parte central: en la primera, la muerte de una pequeña hija para sus padres en un país lejano, y en la segunda la muerte de Juliette, quien deja a su joven familia deshecha. Estas historias permiten a Carrère, un mero espectador, armar un relato coherente, significativo, que intenta contar los hechos tal cual fueron percibidos por las personas.  

El escritor de lolo.
Personalmente, la segunda historia fue la que más me conmovió, además, fue la historia más desarrollada por el autor. De hecho, al mirar hacia atrás, pienso que ésta es la gran historia del libro, debido a la complejidad con que fue abordada: la muerte de Juliette, contada por su colega jurista Étienne y su marido dispar, Patrice. Lo que hace Carrère es juntarse con ambos por separado y escuchar lo que dicen acerca de su relación con la fallecida. Pero Carrère lo interpreta con tanta delicadeza y sencillez que sus palabras cobran sentido para mí: el sufrimiento, el amor y el coraje aparecen como sentimientos humanos cotidianos y generosos. Como diría Juliette, inválida a causa de un cáncer, a Étienne: “no pasa un día sin que me diga: tengo el amor. Todo el mundo lo persigue, pero yo, que no puedo correr, lo tengo. Me gusta esta vida, me gusta mi vida, la amo totalmente, ¿comprendes?”.

Por otro lado, una tercera y menor historia, pero no por eso menos hermosa, es la que el escritor cuenta sobre sí mismo, sobre su proceso como narrador y como persona, de sus miedos y frustraciones. Carrère se acerca a los dos relatos mencionados anteriormente, pero lo hace, también, desde su condición de “hombre sano”, nunca olvidando que las desgracias ajenas son precisamente eso: desgracias de otros. Esta actitud le confiere seguridad y desplante en la narración, agradeciendo más de una vez el hecho de que a él no le haya ocurrido esas tristezas: no le ocurren a él, ni a su pareja, ni a sus hijos, sólo le afectan de manera tangencial, lejana, invocando el egoísmo, tan humano -o construido. Sin embargo, el dolor ajeno le vuelve una persona vulnerable, le hace recordar su pequeña miseria: “Pero lo general, que es el amor, me habrá faltado. He sido amado, sí, pero no he sabido amar o no he podido, es lo mismo. Nadie ha podido descansar jamás en mi amor con absoluta confianza. y yo no descansaré al final en el amor de nadie”. Este tipo de frases -así, tan abierta y honesta, pero al mismo tiempo desinteresada- nos muestran al autor de manera verdaderamente íntima, sin ropajes, sin velos que tapen sus sentimientos. Nos habla un hombre que se confiesa a través de sus letras.

Es un libro que realmente me atrapó, lo leí muy rápidamente en mi ratos libres y mis viajes en metro. Una historia tan bien contada, tan emocionante e intensa. Confieso que me emocionó hasta las lágrimas, y agradecí profundamente haberlo leído. Cliché, pero igual: un libro más que bacán sobre la vida y el amors.

Portada del libro
Editorial: Anagrama



jueves, 23 de noviembre de 2017

Una librería en Berlin, de Françoise Frenkel

Una librería en Berlín es un libro muy bonito. En general, me están gustando mucho las historias que nacen de experiencias reales, en donde el autor/a es el protagonista de su historia -o al menos algún personaje dentro de ella. Una librería en Berlín es el diario de una constante huida; es el diario de una librera huyendo -y sobreviviendo- del fascismo durante la II Guerra Mundial. Y su autora, una judía amante de los libros que escribe y escribe sobre cómo debe emigrar de una ciudad a otra buscando contención, comprensión y complicidad.


El dato curioso de este libro, publicado por primera vez en Ginebra el año 1945, es que la obra fue re-descubierta recién el 2015 por un escritor francés quien se interesó en la historia, compartiéndola  con su círculo literario, sin conocer nada sobre la autora. De este modo, llega a una conocida editorial francesa y este año es publicado en español por la editorial Seix Barral, logrando convertirse en todo un éxito, a más de setenta años de su publicación original. Éxito, porque se trata de un libro sencillo,  sin mucho maquillaje y con un lenguaje sobrio sin pretensiones.


Poco se sabe de la autora-protagonista. Y eso es, precisamente, a mi modo de ver, lo que convierte esta obra en algo sumamente rico: el misterio que envuelve su producción. Difícilmente podemos imaginar su apariencia física, no existen fotografías sobre ella, solamente algunos documentos que demuestran que efectivamente se ocultaba de los nazis (un documento de sus baúles en bodega lo demuestra). Efectivamente, se trata de la «carta de una desconocida», como lo señala Patriclk Modiano en su prólogo.

Françoise Frenkel es una mujer polaca, con estudios de literatura en París, ciudad donde reside varios años antes de instalarse en Berlín, atractiva capital intelectual de los años veinte. Es en esta amada ciudad donde decide instalarse con una librería, pero no cualquier librería, sino una muy especial para ella: una librería que solo disponía de libros en francés, su lengua y cultura predilectas. Su decisión se convierte en todo un éxito, pues, a pesar de lo dificultoso que parecía eso en Berlín, pronto la librería comienza a albergar a diplomáticos e intelectuales del sector, convirtiéndose en un centro clave de la vida bohemia berlinesa.

Algo que me gustó mucho es la pasión con que la autora relata su relación con la literatura, especialmente, el formato de los libros. En diversas páginas expresa esta pasión por las letras y el mundo que les envuelve “Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña”. Asimismo, nos describe el verdadero arte y vocación de ser librero/a, sobre cómo aprender a conocer a las personas y los libros: “Aprendí así a conocer a los «clientes» del libro. Me esforzaba por penetrar en sus deseos, por comprender sus gustos, sus opiniones y sus tendencias, por adivinar las razones de su admiración, de su entusiasmo, de su alegría o su descontento por tal o cual obra” (¡que todxs los libreros/as sean así!).


Eso al principio del relato. Prontamente, la historia da un violento vuelco, cuando Françoise se ve obligada a emigrar debido a la persecución nazi. De allí en adelante, su historia se convierte en la historia de la superviviencia. Una serie de ciudades, anécdotas, tristezas y variopintos personajes aparecen y desaparecen de la historia, quedando siempre la protagonista, sola. La forma de narrar empleada por la autora es cautivante, a veces logra emocionar, pues, nos hace parte de su dolor al no poder vivir su vida con tranquilidad, “yo amaba la vida, y la idea de volver a ver a mi madre y a los míos me daba la energía para buscar la salvación”. La desesperación, la incertidumbre y la indiferencia son sentimientos con los que debe lidiar a diario, pero siempre agradecida de las buenas personas con quienes se encontraba en el camino, quienes sin pedir nada a cambio le ayudaban, a ella y a tantos otrxs.

La autora se desespera, se sincera en sus hojas en blanco, es honesta consigo misma. En el fondo, nos invita a ser quienes somos cuando nadie nos lee/ cuando nadie nos mira. ¿Somos capaces de expresar los mismos sentimientos? Quizás no. Aquí entra el importante y principal componente de esta obra, a mi modo de ver, la memoria y el olvido. La constante dialéctica entre una y otra. El relato que pudo ser olvidado, que pudo quedar oculto, pero que logró ver la luz por un accidente. El relato de la memoria como vehículo para movilizar y visibilizar aquello que fue silenciado.